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28 febrero, 2009

Hey, that's no way to say goodbye.

L. Cohen

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He notado
que estas intentando dejarme.
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Dejarme
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Y he notado
que esquivo tus intentos
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Tú no. No puedes.
Sería borrarte de a poco
de esta, nuestra, sentencia
Y qué sería de ti
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y de mí
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sin nuestras ropas tejidas
a nuestras pieles...
a esta hora de la madrugada,
a la misma en que antes solíamos
hablarnos con locura y amor
te digo
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He notado
que ya no me escribes
con la mirada entre abierta
y los botones rojos entre los dedos
Alguien, que ha robado tu nombre,
te esta desanudando de mí
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Preguntame otra vez mis apellidos
extranjeros y sorprendete con mi
edad insolente
Pìdeme que te explique de nuevo
mi religión y mi nación
¿Piazzola? También yo...
Sí, sí, los hongos...
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Yo, de cierto
seguiré con mis placeres desordenados
Pero dime,
¿qué es de ti, después de mí?
....
...

21 febrero, 2009

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Me has visto venir con las zapatillas grises y con mi cámara fotográfica vieja, y sé que has querido echarte a llorar. Es muy inútil esta rutina de escribirte, de que me leas, de que me escribas, de que te lea, de que hagamos tragedia, y luego escuchemos una canción que nos desgaje mucho los ojos. Es tan cansado que en la madrugada se hayan establecido ya las horas para extrañarte. Mira, vamos, lleguemos a acuerdos, nosotros, dos personas sin sentido. Estoy viviendo la vida exacta que tú no quieres. Es decir, te estoy diciendo: que mañana tal vez ya no voy a estar. Y te esta doliendo, lo noto porque sonríes y te muerdes los labios y dices: “esta bien”. No, no cariño, no esta bien. No esta bien, de hecho esta muy mal. Porque no vamos a poder vivir toda esta vida comiendo opio y bebiendo vodka a las tres de la tarde. Y olvidando todo, y volviendo otra vez, de a poco, atragantándonos la vida. O sí. O pienso mas bien en componerte una canción para violín, la que has pedido, e irme. Comienzo a ver el mundo desde los puntos donde se vuelve curvo, y no sabes que vendrá a cada nueva esquina. Si vendrá lo nuevo, o cíclicamente vendrá. Vendrás tú. Es la caída constante. De la que emerges. Y ahora mismo pienso en que no puedo dejarte, sin dejarme. Que tendría que formarme el nuevo rostro, antes de tus gestos, que ahora son mis mismas cejas, y sacar la nueva retórica, y cocer la boca sin tu sonrisa. No consumir más hongos, dejar los conciertos de rock, olvidarme de la mímica, cerrar los cines de mi ciudad, no hablar con más niños en la calle. Incluso, dejar mi carrera dolorosa y perdida de músico. Ser alguien simple que vive, y duerme, y come, y trabaja diariamente y no hace sufrir como profesión orgullosa de un alma. Pienso en olvidarte. Algún día. Pienso hacerlo incluso un día antes de irme. Y dar tal vez un: adiós, hace unas cuantas horas que te olvide. O algo muy así de la gente que dice mucho que ama y que olvida pronto. ¿Quién? No sé. Comienzo a herirme, te estoy hiriendo. Estoy siendo idealmente estupida y transparente, me desnudo continuamente ante ti. Soy desvergonzada el primer calificativo que me diste al conocerme. Y lo he preguntado a mamá, y ha dicho: sí, lo eres. Ya, ya, lleguemos a acuerdos. Tomemos nuestro café acostumbrado de las seis de la tarde. Pidamos crema irlandesa extra. Escuchemos punk y luego un poco de bossa. Hablemos de política y religión. Mira hacia al piso, y yo levanto la ceja. Tose de vez en vez. Tanto humo en nuestros pulmones. Hablemos correctamente. Leamos el capítulo siete de Rayuela. Finjamos que hasta ahora a ninguno le ha pasado por la cabeza hacer el amor. Y caminemos de regreso a casa. Que llueva. No te concibo sin lluvia. Me estoy hincando otra vez a tus segundos rojos. Estoy vistiéndome de abstinencia y durmiendo en tu tibia cama de cielo. Creo, me estoy abandonando a tu barbilla que me impide dar pasos largos. Corta. Cortemos la cuerda que amarra nuestras caderas. No digas más aquello de que embonan perfectamente. Lleguemos a acuerdos. Deja que me vaya, no me mires, no me toques, no pases a mi lado, no respires cerca de mí, no dejes que escuche tu voz, cierra la puerta, no la abras más, deja que me vaya. Rómpeme. Échame fuera. No me conozcas más. Borra el cinismo y la insolencia que te conquistan. Estoy siendo imposible en este mismo momento. Me veo desde aquí, desde tu sofá, y me veo en el acto más ridículo y necesario. Quiero salir amor. Quiero salir. Me estas matando…
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16 febrero, 2009

¡Por vuestra osadía!

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- Abstracciones: quizá uno, dos, o tres días. Quizá. Siempre supuesto a no suceder. Porque hay que callar entonces, mientras se grita. O decir qué color será lo que es... -

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Ya...

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- A ver, besame?!

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09 febrero, 2009

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-No bueno, no te voy a mentir-.
Decirte que este lugar con demasiada vida me llena sin
siquiera recordar tu rostro. No, yo no te voy a mentir.
Decir muchas cosas que a las tres con quince me hacen feliz,
doliéndome desde dentro la insistencia famélica.
Ser incoherente entonces al decir,
“sí, sí, hoy mismo soy más puta, alcohólica y perdida,
al día que te conocí”. Pero no pienso en mentirte.
Más bien aseguro mis labios, justo en el lugar que
ocupan en mi rostro, es necesario amarrarlos con
cuerdas que no provengan de tus cabellos.
Y esta mañana pensaba en escribirte algo más alegre,
tal vez “aquí, todo el tiempo huele a cerezas y a lluvia…”
o “siempre tropiezo con tus pies en las esquinas verdes y
diminutas de este lugar…” Escribirte algo,
que dejara ver mi estupida manera de venerar tu ausencia,
de estar tendida en suelo haciendo el teatro continuo,
con los mismos ojos que ya sabes de memoria, demostrar la
debilidad de mi piel a tus minutos fugaces. Y no lo quise así.
Decidí plantarme en este mismo café (de las seis de la tarde)
cruzar la pierna sobre la otra con botas azules, pintarme los labios,
mientras sentía los flujos extranjeros y sonrisas dadivosas,
sentarme en la mesa de madera en la esquina, sacar la hoja descuidada,
un bolígrafo, cualquier bolígrafo, escribirte:
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No te mentiré: Te extraño, pero no te necesito.

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28 enero, 2009

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Yo sé, probablemente nunca entiendas muy bien lo que te cuento ahora. Esta tarde es extensa, y muy gris, y casi tan larga como este camino que caminamos. Es fría, y en la piel se siente un placer como tartamudo, como por puntadas en todo el cuerpo, parece darse y no darse. Esta tarde tiene mucha música de fondo que la describe, y que duele un poco, a veces entonces también te amontono junto con todos los instrumentos. Me he mordido mucho los labios viendo a través de la rendija la sombra magna de los árboles a la luz del sol, que ya es luz de luna. ¿Te he hablado alguna vez de mi pasión por los árboles? Estoy segura de haberlo mencionado en cierta ocasión. Estoy segura de que me habrás visto ya entre tu mente abriendo la boca redonda ante un árbol. Eso soy. Tengo una multitud dentro mío, todos queriendo decirte algo. Comenzará alguien por hablarte de toda la melancolía que se escurre en este lugar, o visiones de un país lejano al que no he podido llegar, quién sabe por qué razones sempiternas que supongo nunca entenderé. Y hay invitaciones para ti, te dicen: Vayamos a vivir a Arabia, y seremos de un color carmín feliz. No imagino tus respuestas, más bien, veo exactamente tus silencios. Son de un estilo “piano” y te hieren con arte. No puedo hablarte ya más sobre mis vicios a esta hora, el alcohol o las hierbas, porque al fin y al cabo sé que conoces bien la mordedura de mi alma indómita, conoces y te haces infeliz, como si fuese yo, algo que duele. Y tengo la intención de hablarte sobre el nuevo libro que estoy leyendo y la magistral crueldad del narrador, que me hace recordarte a deshoras, pero recuerdo y termino por gritar hasta romperme la voz. Eso, yo pienso, te hará llorar entre sonrisas. Algo muy de ti, o de tus desordenes anímicos. Cómo contarte de la coherencia de mi vida, sin modificar las situaciones típicas de mi esquizofrenia, y no decir lo que hago para que no sientas que me pierdes de nuevo, y de nuevo otra vez. No. Porque me viene de bajada, la imagen oblicua de mi cuerpo en la estación y mi boca gesticulando un “adiós. Pero no me voy”, y tú huyendo a cualquier lugar que no te permita ver la despedida continua. O tal vez, una única intención tuya de hacerme ver lo poco que es importante para ti mi partida. Hay tanta maraña en mi cabeza esta tarde. Que podría comerme todo el mundo y no tener sabores. Que incluso podría llamarte y sólo poder decir, la única palabra que entiendo desde el día que te conocí. Pero y qué más dan las letras, si yo sé que es tan probable que no hayas entendido nada de lo que te he contado ahora…
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25 enero, 2009

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Lee bien lo que te escribo ahora:
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Tengo hombres, muchos hombres
tengo mujeres, muchas mujeres.
Y no sólo eso.
Tengo hombres y mujeres que
me escriben poesía diariamente.
Tengo algunos hombres y algunas mujeres
que tiemblan si me acerco.
Y otros que me esperan con lágrimas.
Tengo hombres que quieren enseñarme
la vida y el mundo. Mujeres que
insisten en descubrir lo mismo juntas.
Tengo promesas para regalar.

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Y te tengo a ti.
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Te tengo, en un sólo parpadear.
Y en un lugar que no poseo
Y a una hora que desconozco
Y a oscuras, y a solas, y desnudos.

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Y no sé por qué.
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Pero te cuento,
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que hay tantos hombres

y tantas mujeres
que tú quizá no te das cuenta
lo que eres para mi,

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y piensas
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que eres también muchos hombres
y muchas mujeres
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y no eres
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Lee bien lo que te escribo ahora:
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Tú no eres muchos hombres
y muchas mujeres

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tú, tú tienes nombre para mí.

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17 enero, 2009

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Somos chistosas las personas, digo. Mas o menos a esta hora siempre digo eso, será porque llego con más alcohol que sangre en las venas. Llego, y normalmente siempre caigo en el quinto escalón de la escalera de madera, me quito los zapatos e intento llegar hasta la habitación, y paso antes al baño a soltar el estómago. Me tiro a la cama. Y curiosamente. Ahora mismo, lo he notado, lo estoy notando. Te busco. Irremediablemente. Como sin voluntad propia. Y estas, de alguna manera, siempre. Doliendo desde los extremos de mi abstinencia. Digo: no, no puede ser. Ya no. No más. Tengo tantos hombres y tantas mujeres alrededor. Con mi soberbia andante digo: no, no puede ser. Y entonces parezco chistosa, cuando dirijo los pasos, sin previo aviso, a este lado de tu vida. Y regularmente vengo a mostrarte lo estúpida que puedo ser, y vamos, que feliz que todos lo noten. Pienso que si quizá viviéramos en la misma ciudad, te armaría grandes dramas en medio de la plaza principal, o en el restaurante más famoso. Te gritaría lo imposiblemente hermoso que puede ser el planear mi vida a tu lado. Y el asco que me dan las imposibilidades en mi vida. Y tú, con tu mente que siempre ha sido más sensata que la mía, yo pienso, me acariciarías el cabello, y dirías: vamos, vamos a casa. O algo así que evitara estar en la estación de policía a las tres de la mañana, otra vez. ¿Delito? ¡El puto amor señor policía! ¡El puto amor! Cuando pienso entonces en "esto" que tenemos, pienso en el prólogo sobre ese poeta, cuando dice "no sé de amores pequeños, ni los quiero". Te cuento, pienso en esto y digo, ojalá supiésemos de amores pequeños, tal vez seríamos más felices. Si te amara quizá a las once de la mañana. Y tal vez un poco por la tarde, obsequiandote un chocolate y nada más. ¿Qué seríamos? Yo no sabría cómo... el masoquismo constante que provocamos. No nos deja. Esta imperfección tan perfecta de nosotros, me agobia. Hoy mismo, saliendo del teatro, un niño con un suéter verde algo roído, me ha alcanzado corriendo para preguntarme ¿Eres músico?
Cómo haces tú para estar hasta en la acera de la avenida principal de mi ciudad...
"No soy"
¿Y que traes a la espalda?
"Un violín"
¿Por qué?
"Porque soy feliz trayendo un violín a la espalda"
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Sonrió y se fue.
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Cómo haces.
Leo "love" en tus poemas. Y me pienso absurdamente en la posición principal, y digo: sí, love, tú, love, yo, love. Que sucia puedo ser, cuando quiero ser, y que nadie más sea. Que roja me puedes sentir entonces. Que inocente siempre. Pintarme los labios de rojo, darte un beso. El beso. Con la música de Tiersen de fondo. Soy tan pequeña a esta hora... tan desnuda. Con el opio siento el año de mis quince años de edad, cuando era "el beso". Y no, "la jodida vida", de este segundo. Te escribo ahora: te necesito dejar, antes de acabar sin piel.
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14 enero, 2009

Mira también lo que puedo ser

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Quiero que calles
Que en este mismo segundo
guardes silencio
Que no pidas perdón
ni cierres los ojos
Que te mantengas
como si estuvieras muerto
Pero no te mueras aún
Quiero que me mires
por debajo de los ojos
y bendigas y maldigas
el momento en que me
conociste, y en que dejaste
de ser tú, para ser yo
y dolerte
Quiero que me muerdas los
labios hasta destrozarlos,
quiero que me duela
al menos eso
Que te sientes a la mesa
y comas el almuerzo que
he preparado, y sepas lo
que estoy tratando
de meter dentro tuyo
Y reunir todas tus palabras
pronunciadas
y arrojarlas en tu pecho,
como un incendio lleno de
dientes y uñas
Quiero que me bajes
de tu cuello y me pidas
que me vaya,
antes de que te mate.
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04 enero, 2009

De adioses prematuros

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Y si el corazón a veces
se nos sube a la garganta
¿es necesario tragar escupir
o tan sólo atragantarse?
Pozier.
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En este mismo momento me pienso muy abajo. Y digo, decir “no me dejes”. Y me veo desde muy lejos, con el rostro humillado de orgullo. Con los lacrimales burlándose de mi. Y decido decir, no decir nada. Cocer los ojos. Abotonar la garganta para no sentir desde el estómago ese polar recorrido de aire. Y así entonces poder decir “no me duele”. Y recuerdo unas ultimas palabras “Me dijeron alguna vez que si querías que alguien te extrañará, lo acostumbraras a ti” No pensaba a nadie más cruel que yo. No pensaba a nadie más decir “adiós” antes que yo lo hiciese primero. Soy muchos hilos en esta hora, me imagino de esa misma manera, con los sentidos desgajados. Pienso, ya no soy tan inmortal. Y le grito a Herschel por habérmelo hecho creer. Él dice “tú eres todo, y todo está bien. Tú estás bien” mientras esta en un país en guerra. Deshago maletas. Maldigo al vecino por usar mi lugar de estacionamiento, aunque lo ha hecho por los últimos cinco años. Pero hoy lo maldigo. Pronto serán las tres de la madrugada. Abro todas las ventanas. Y hay mucho viento en casa, así, como a mi me gusta que sea, así se hace, pienso. Duermo en el piso de la cocina. Pienso en la infelicidad que esta vez me he creado. Es mía, al fin y al cabo, digo. Escucho un tango muy azul, me muerdo los labios. Subo más el volumen. Tomo las sustancias necesarias en este punto. Sonrió cuando siento que nada más hay. Y he acabado la madrugada leyendo los libros de Salomón, el rey Salomón. “Todo pasa” “para todo hay un tiempo”. Puto tiempo. Digo, puto tiempo curioso. Es tan relativo. Puta relatividad. Einstein. Yo, ¿sería más fácil ser puta? Pienso, tres judíos dando soluciones de plástico, no servimos de nada. Me hago antisemita. Si, me mato, me quiero matar. De algo hemos de servir. De algo he de servir. Escribo el título de lo nuevo para el periódico. “Toda pasa, todo es relativo. Ya pasaste. Next”
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20 diciembre, 2008

De vuelta con el melodrama

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Con frecuencia me imagino que no existo. Intentó hacer los segundos más diminutos. La vida más frágil. La puntuación más necesaria con el silencio que finaliza lo que no empieza. El desasosiego continuo no se inmuta tras el aliento, eso duele, con todo y religión. Me pienso entonces en la condición de quién nada es. Quizá porque soy un tanto cobarde, y todo me lastima. Soy infeliz a esta misma hora, me vuelvo mal agradecida. Hasta olvido cómo se come el opio. Y el chico hippie que me acaricia las piernas me dice “eres judía no? Por qué tienes esa pequeña vida roja?” Y yo le respondo: No, no, como dice el guión de esa cinta israelí “mi vida es una película árabe”. Y bebemos más y lloramos más, sin saber realmente lo que hablamos. Es porque nadie nos sabe muy bien, ni siquiera ambos entendemos la razón de estar en el mismo sofá. Le explico mis necesidades de ir al norte, para besarle solo los ojos a una persona. Él me argumenta sobre sus ideales de libertad y justicia. Al final nos reímos de nuestra inocencia. Me pongo las botas y me voy. Salgo a la calle buscando la misma sensación de la no-existencia. Pero a esas horas, lo único que queda es subyugarse a las habitaciones, mientras alguien oprime tu largo cuerpo. Y exístes un poco menos, alguien mas se lleva tu demencia entre las piernas.
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29 noviembre, 2008

No sé ni que putas intente decir...

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La separación sempiterna de los seres, culmina en el instante oblicuo de la aferración de la piel. Es decir, una necesidad sanguínea. A ciertas horas, duele. Es beberte los siete punto cinco litros de deseo engullido, o la saciedad de la nada. Alzarte sobre la boca de una persona. Vaciarte dentro de sus venas. Y que tu cuerpo posea la similitud con la eternidad. Recoger el aire que se mece entre los dedos. Y untarlo en tu pecho. Caminar saltando por sobre las pestañas, los dogmas de los días en que el amor no corta. Usar la palabra amor sin saber qué es. O saber qué es, pero no estar de acuerdo. O estar de acuerdo, pensando en todo lo efímero que significa. Olvidarlo. Volver con los pies chorreantes hacia la cama. Entregar la torcida pelvis. Junto con un artículo político que quite las ganas. Reírte mucho. Vestir los huesos. Dejar que el agua arrope el rostro. Nacer desde la habitación con la heroína haciéndote favores terrenales. Para luego salir por las calles con destino cruel. Y dulce. Llegar y derramarte. Porque necesitas siempre, estar dentro.
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19 noviembre, 2008

Vodka: despecho

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De lo poco de vida que me resta,

diera con gusto los mejores años,

por saber lo que a otros

de mí has hablado.

Y esta vida mortal y, de la eterna

lo que me toque, si me toca algo,

por saber lo que a solas

de mí has pensado...

G.A. Bécquer.

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P.D. - Pero no creas, yo no soy como Bécquer.

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16 noviembre, 2008

Vuelve

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Vuelve mamá. Me pregunto si aún me reconocerá, si sabrá que sigo siendo el mismo paria, la misma amorfa, el harapo que camina. Iré al aeropuerto llevando tacones negros, con sonrisas de repuesto, usando pintura para que mi rostro no se vea tan pálido a lo oscuro de mi cabello, a las enfermedades y adicciones de estos días. Iré sin resaca, será la mañana sin resaca que toca en cada mes. El auto en el lavado y aspirado. La casa ya impecable, toda la madera oliendo, como a ella le gusta. Su habitación con un algún perfume costoso. Aunque pueda ser que solo me abrace, y vuelva al avión, huyendo de esta diminuta e infernal ciudad. Que duele. Y a mi me gusta. He pasado la tarde viendo el cine que aun tenia almacenado, llorando un poco, fumando, usando esa ropa cómoda, alimentándome de comida rápida, escuchando esa música de cantina, la cerveza, el opio, invito a alguien que me bese y después se vaya sin lágrimas. Hago lo que tengo que hacer, por la abstinencia que representa mamá. Me dejo morir lo suficiente para estar viva a su llegada. Voy al concierto de piano de ese chico que toca muy bien, y no sé por qué. Me acompaña el otro chico, el otro amigo, tiene bonita cara, cara de una noche o dos. Creo que nada más. Y me siento muy ruda a su lado. Me salva Herschel, y nos tiramos en mi cama, veo el violín de lejos, y los instrumentos colgados en la pared, Hersch dice: te has vuelto más persona. Yo me asusto. Vuelve a decir: trabajas mucho, como un padre de familia desesperado. Me rree asusto. Y le pido que mire mi cabello, mi cara, que compruebe si pertenecen a alguien razonable. Me observa con sus verdes y después le echa un vistazo a la habitación: eres una loca. Y ya sonrío. Han descubierto la hora en la que estoy en casa y llaman. Preguntan sobre la llegada de mamá. Yo pido que no jodan, que si ella les quiere ver, les llamara. Después recibiré una reprensión por ello. Me desvelo y dejo las ventanas muy abiertas toda la noche. Ando con poca ropa. Siento el frío, la música muy fuerte, tanto orgasmo, o la palabra que mejor lo represente. Y acostada en el piso de la cocina, pienso, pienso que alguna vez yo quisiera volver, así como vuelve mamá, que alguien me esperara con tanto miedo, desesperación, nerviosismo, y sobre todo, muriera por una caricia mía, así, como yo espero la de mamá.
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08 noviembre, 2008

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Tengo la vivencia tuya, muy asentada aquí, en mi estómago o algo así, que no me deja respirar. No escribo. Muchos días y no escribo. Tengo un miedo, liquido carmín, de encontrarte resbalando entre las líneas. Camino por las tardes viendo a toda la gente, veo una palabra que escribir por cada uno de ellos. Las calles tienen grandes libros. El cielo puede ser el pergamino más extenso. Hay flaqueza en mis manos. Mucha cosa normal de todos los días. Una simpleza que me acaba. Estoy siendo muy humano, tan terriblemente humano. Que no escribo. Que hago esas cosas como tomar la siesta, o comer emparedados de chocolate, salir a los bares, saludar. Protocolo. Volverme persona. Ser. Ser porque no te soy. Porque te busco a la deshora que prometes, a la punzada tibia de mi pierna. Y no puedo serte. Las delgadas líneas verdes entre nuestras caderas, o algo que no se estira con mucha facilidad, o más bien se estira demás. Como esta hambre. En forma de abecedario, todo duele más. Aunque vengo, y parezco más cruel y tonta que siempre. Persona. Caigo muchas veces en la cama sucia. Con los saxofones y todo eso que nos mimetiza. Me reencarnan las horas y sigo aquí. Muy preocupada por el revés del mundo. Me duele la cabeza como a todos, soy todos. Y los pulmones funcionan menos con el paso del humo y de los días. Sigo sedada por esto que me crucifica día tras día. Y cómo le llamaré. ¿Cómo le llamaremos? Deberíamos encontrarle nombre a esto. Sería necesario en las autopsias. Quizá y dejamos algún documento con esto. Aunque no podamos comprobar nada. Porque no somos. Y estamos. Estamos y no somos. O somos y no estamos. O “Yo soy tú y tú eres yo”. Porque ya las drogas no funcionan, ni la flagelación, ni los nuevos árboles o un vestido más rojo. Inútilmente sigo intentando vivir lo que nadie vive, ni nadie quiere. Muy absurda yo, así, como el día en que me conociste. Escucho punk y pretendo la siguiente la vida, la vida paralela. La bipolaridad que nos conmueve y no nos deja. Ahora tengo cine. Supongo que esta noche será muy mía, muy de ti.
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14 agosto, 2008

De dónde salió la inspiración...

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Las Vidas paralelas (Bioi parallēlloi) son una colección biográfica de Plutarco (s. I) que contiene veintitrés pares de biografías, donde cada par incluye la oposición de un personaje griego a otro romano, así como cuatro vidas desparejadas. Serían por tanto un total de unas cincuenta biografías, cuarenta y dos agrupadas por parejas, cuatro que oponen dos griegos a dos romanos, y cuatro que no presentan oponente.
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El objetivo de Plutarco consiste en extraer, en cada caso, el carácter moral del personaje, antes que la narración de los acontecimientos políticos de la época; de ahí el tratamiento exhaustivo sobre la educación y natural disposición del personaje, y el relato de anécdotas, calculado para revelar la naturaleza del hombre. «Un lance fútil, una palabra, algún juego» que «aclara más las cosas sobre las disposiciones naturales de los hombres que las grandes batallas ganadas, donde pueden haber caído diez mil soldados».
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Creía en la compatibilidad de Roma como rectora y de Grecia como educadora. Las Vidas contienen, además de interesantes anécdotas, muchos pasajes históricos memorables
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Cuando leí el primer tomo de Vidas Paralelas pensé mucho en mi vida... y no por qué sea tan grande como la de Alejandro de Macedonia o Rómulo. Pero entendí que de repente tengo una vida en "Grecia" y otra en "Roma", por así llamarle a la dualidad que puedo ser. Si por ahí no han checado los tomos de Vidas Paralelas, háganlo y apolillen algunas horas de esquizofrenia y bipolaridad.

Y yo supongo que en algún momento de esta vida, te encuentras con la otra, la otra vida.

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12 agosto, 2008

Julian Tuwin

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Nosotros, los judíos polacos

Se es polaco o judío, como se es mexicano, fuera de dogmas territoriales, por motivos que ninguna razón justifica. Julian Tuwim, ``judío doloris causa'' reconocido y prolífico poeta, hace una conmovedora apología de la nacionalidad a través de esta vindicación escrita como un ``nosotros''. Entre sus libros de poesía se cuentan: Acechando a Dios, Sócrates danzante, Palabras en la sangre y La Biblia gitana.

A mi madre en Polonia o a su más amada espina

I

E inmediatamente oigo la pregunta: ``¿Y de dónde viene ese nosotros?'' Esa pregunta, hasta cierto punto justificada, suelen hacérmela los judíos, a quienes siempre he explicado que soy polaco, y ahora me la hacen esos polacos que consideran que soy y seré judío. He aquí la respuesta para unos y para otros.

Soy polaco porque me da la gana; es un asunto estrictamente privado, del cual no tengo la menor intención de rendir cuentas a nadie, ni explicarlo, justificarlo o aclararlo. No divido a los polacos en naturales y naturalizados, y dejo este asunto a los nazis, sean éstos naturales o naturalizados; pero sí divido, tanto a los polacos como a los judíos, y a quienes provienen de todas las demás naciones, en sabios y tontos, honestos y ladrones, lúcidos y torpes, interesantes y aburridos, víctimas y victimarios, gentlemen y no gentlemen. Divido también a los polacos en fascistas y antifascistas. Claro que cada uno de estos grupos no es uniforme; muda los matices de sus colores para que ofrezcan distinta densidad. Pero esa línea divisoria sin duda existe, y con el tiempo se podrá apreciar muy claramente. Los matices permanecerán matices, pero el color de la línea misma se hará profundo y deslumbrante en forma decisiva.

Podría decir que en el campo de la política divido a los polacos entre antisemitas y antifascistas, pues el fascismo es siempre antisemitismo. El antisemitismo es la lengua internacional de los fascistas.

II

No obstante, si me viera precisado a justificar mi nacionalidad, o la que siento como tal, me declararía polaco por motivos muy simples, comunes y corrientes, mayormente racionales y parcialmente irracionales, pero sin ningún condimento místico. Ser polaco no es privilegio, honor ni gloria. Lo mismo podría decir de la respiración, puesto que nadie se reviste de orgullo por ser capaz de respirar.

Soy polaco porque en Polonia nací, crecí, me formé y aprendí todo lo que sé, porque en Polonia fui feliz e infeliz, porque estando en el exilio desearía ir a Polonia más que a ningún otro lugar, aunque me brindara delicias paradisiacas.

Soy polaco por un tierno motivo que no puedo justificar con ninguna lógica o razonamiento, por el delicioso prejuicio originado del deseo de que después de la muerte, no me acoja ni absorba otra tierra que no sea la polaca.

Soy polaco porque así me lo dijeron en la casa donde nací, donde desde mi primera infancia me nutrió lengua polaca; soy polaco porque mi madre me enseñó los versos y canciones polacos, porque cuando me llegó la primera irrupción poética lo hizo en palabras polacas, porque aquello que en mi vida se convirtió en lo más importante -la creación poética- no sabría pensarlo en otra lengua, aunque la dominase a la perfección.

Soy polaco porque en esa lengua confesaba las inquietudes de mi primer amor y en polaco balbuceada sus delicias y tormentas.

Soy polaco también porque el abedul y el sauce me son más cercanos que las palmeras y los cítricos, y porque amo más a Mickiewicz y Chopin que a Shakespeare y Beethoven, por motivos que ninguna razón justifica.

Soy polaco porque de los polacos tomé ciertos vicios nacionales; soy polaco porque mi odio hacia los fascistas polacos es mayor que el que me inspiran los fascistas de otras nacionalidades, y considero que ese es un importante rasgo de mi ser polaco.

Pero sobre todo soy polaco porque me da la gana.

III

Contra todo eso se levantan unas voces: ``Bueno, pues si eres polaco, entonces ¿a qué viene ese: nosotros los judíos?'' Me apresuro a responder: ``Por motivos de sangre.'' ``Entonces es racismo.'' ``No, para nada; todo lo contrario.''

Existen dos tipos de sangre, la sangre que corre en las venas y la que sale de las venas. La primera es la savia corporal cuya investigación corresponde a los fisiólogos. Hay quien atribuye a esta sangre misteriosos y peculiares poderes no orgánicos; éste, según vemos, convierte las ciudades en escombros humeantes, extermina a millones de gentes y por fin, como lo veremos, conduce a la matanza a su propio linaje.

La otra sangre -precisamente ésta que aquel cabecilla del fascismo internacional extrae de la humanidad para demostrar el triunfo de su sangre sobre la mía-, es la de los miles de inocentes asesinados, la sangre no escondida ya en las arterias, sino expuesta, revelada. Desde que el mundo es mundo no se había producido una inundación de sangre semejante, y la sangre de los judíos (no ``la sangre judía''), corre a los arroyos más profundos y anchos; sus ennegrecidos caudales confluyen en el río tempestuoso y turbulento. En este nuevo Jordán recibo el bautizo de los bautizos: la fervorosa hermandad en la sangre y en el martirio con los judíos.

Recíbanme, hermanos, en esta honorable Comunidad de la Sangre Inocentemente Derramada. A esta congregación quiero pertenecer hoy día.

Que esta dignidad -dignidad del judío doloris causa- le sea concedida al poeta polaco por el pueblo que lo entregó al mundo, no por méritos, porque no los tengo ante ustedes; voy a considerarlo como un gran ascenso y como el premio máximo por un par de versos polacos que tal vez me sobrevivan y se recuerden junto con mi nombre, el nombre de un judío polaco.

IV

Sobre el listón que ustedes llevaban dentro de los ghettos se pintaba la estrella de David. Creo en la Polonia futura donde esa estrella, la del listón, se convertirá en la suprema insignia que se conceda a los soldados y oficiales polacos más valientes. La llevarán con orgullo, y junto a la antigua condecoración polaca ``virtui militari'' existirá también la ``cruz del ghetto'' y la ``condecoración del parche amarillo'', que será más honorífica que muchos de los oropeles que se usan hoy día. Y se guardará, conservará y eternizará en Varsovia, y en cada ciudad polaca, un pedazo inalterable de ghetto, así como lo encontramos ahora en toda la pavorosa destrucción, los escombros y las cenizas. Cercaremos con cadenas, fabricadas con el fierro fundido de los cañones arrebatados al vencido ejército de Hitler, ese monumento a la infamia de nuestros enemigos y a la gloria de nuestros hermanos martirizados; y día tras día, trenzaremos flores frescas y vivas entre los eslabones para que por los siglos de los siglos quede en las generaciones venideras el recuerdo del pueblo masacrado, como señal de que siempre está vivo y fresco el dolor que por él sentimos.

Al templo de los recuerdos nacionales agregaremos uno más; acudiremos ahí con los niños y les hablaremos del más monstruoso martirio infligido a los seres humanos. En el centro de este monumento, cuyo sentido trágico resaltará entre las modernas y cómodas casas de vidrio de la ciudad reconstruida, arderá un fuego inextinguible. Los transeuntes se quitarán el sombrero frente a él.

Y quienes sean cristianos harán la señal de la cruz.

Así, con el orgullo de nuestro duelo, portaremos esta dignidad que opacará a las demás, la del judío polaco -nosotros, quienes hemos sobrevivido por el milagro y el azar. ¿Con orgullo? Más bien con arrepentimiento y con dolorosa vergüenza, ya que esta dignidad nos corresponde gracias a la gloria y el martirio de ustedes, nuestros redentores.

Pero tal vez no nosotros, los judíos polacos, sino nosotros, los espectros, nosotros, las sombras de nuestros hermanos, judíos polacos, asesinados.

V

Nosotros, los judíos polacos. Nosotros, eternamente vivos, o sea, los que murieron en los ghettos y en los campos de concentración, y nosotros, los espectros, o sea, los que de las otras orillas de los mares y los océanos volveremos a nuestro país, y espantaremos entre las ruinas, con nuestros cuerpos intactos y nuestros almas aparentemente salvadas.

Nosotros, la revelación de las tumbas, y nosotros, la ilusión de la existencia, los millones de cadáveres y unas decenas de miles de los supuestamente vivos, nosotros, una fosa fraterna, infinita, nosotros, beis-oilom, que los tiempos jamás vieron ni verán.

Nosotros, asfixiados en las cámaras de gas y fundidos para jabón que no logra lavar las manchas de nuestra sangre ni la marca de los pecados que el mundo cometió contra nosotros.

Nosotros, cuyos sesos se estrellaron contra las paredes de nuestras casas misérrimas y contra los muros donde nos fusilaban en masa, por el solo hecho de ser judíos.

Nosotros, el Gólgota, donde podría levantarse un bosque de cruces innúmeras. Nosotros, que hace dos mil años hemos dado al mundo un Hijo de Hombre asesinado sin culpa por el Imperio Romano -y bastó su sola muerte para que se hiciera Dios. ¿Cuál religión surgirá de la muerte de tantos, de las torturas, humillaciones y brazos crucificados en su gesto de desesperación suprema?

Nosotros, Szolymy, Srule, Moski,(1) gudlaje,(2) los roñosos, nosotros cuyos nombres, apodos e invectivas van a superar en dignidad a todos los Aquiles, los Ricardos Corazón de León, y a todos los reyes valientes, como Chrobry.(3)

Nosotros, otra vez en las catacumbas -en los desagües bajo las calles de Varsovia, arrastrando los pies entre el hedor de las aguas negras, ante el asombro de nuestras compañeras, las ratas.

Nosotros -con carabinas en las barricadas, entre las ruinas de nuestras casas bombardeadas desde el aire; nosotros, los soldados de la libertad y el honor.

``¡Yoy-ne, ve-te-a-la-gue-rra!'', se burlaban. Se fue, muy estimados señores, y murió por Polonia.

Nosotros, para quienes como en la canción ``cada umbral fue fortaleza'', cada umbral de cada casa que se derrumbaba.

Nosotros, los judíos polacos, embrutecidos entre los bosques, alimentando a nuestros niños aterrados con hierba y raíces, nosotros, que nos arrastramos, reptamos, engallados con una anticuada escopeta de dos cañones, obtenida por milagro o por mucho dinero.

``¿Ya conoce usted el chiste sobre un judío-guardabosque? ¡Delicioso! El judío valentón, fíjese bien, disparó y de miedo ¡se cagó en los pantalones! ¡Ja, ja!''

Nosotros, los Job, los Níobe, nosotros haciendo penitencia por nuestras niñas muertas, nuestras Ursulas4 judías.

Nosotros, las fosas profundas de huesos resquebrajados, triturados, y de cadáveres torcidos, cubiertos de llagas.

Nosotros, el grito de dolor prolongado hasta los más lejanos siglos. Nosotros, el lamento; nosotros, el aullido; nosotros, el coro fúnebre entonando El mole rachamim, cuyo eco se transmitirá secularmente.

Nosotros, la más magnífica pila de estiércol sangrante en los tiempos, que ha fertilizado a Polonia para que los sobrevivientes saborearan mejor el pan de libertad.

Nosotros, una reserva macabra; nosotros, los últimos mohicanos escapados de la matanza, a quienes un nuevo Barnum lleva por el mundo, anunciando en carteles chillones: ``¡Espectáculo inusitado! The biggest sensation in the world! Judíos polacos -¡auténticos y vivos!'' Nosotros, ¡el Gabinete Espeluznante de Curiosidades, Schreckenskammer, Chambre des Tortures! ``Se solicita que las personas sensibles abandonen la sala.''

Nosotros, junto a los ríos de los países de ultramar, estamos sentados llorando como antaño junto a las orillas de ríos de Babilonia. Llorando va Raquel por sus hijos que en todo el mundo no encuentra. Junto a las orillas del Hudson, el Támesis, el ƒufrates, el Nilo, el Ganges, el Jordán erramos, dispersos, llamando: ``¡Vístula, Vístula, Vístula! ¡Nuestra propia madre! ¡Vístula gris, rosado no por la aurora, sino por nuestra sangre!''

Nosotros, que no encontraremos las tumbas de nuestros hijos y madres porque van a sobreponerse en capas expandidas por toda mi patria como un gran sepulcro. No hallarás un lugar elegido para colocar ofrendas florales; a modo del sembrador tendrás que esparcirlas con el amplio impulso de tus manos. Tal vez des con ellas, ¡por azar!

Nosotros, los judíos polacos. Nosotros, la leyenda que chorrea sangre y lágrimas. Quién sabe si sea necesario escribirla con versículos bíblicos: ``¡Que con cincel de hierro y plomo para siempre en la roca se esculpiesen!'' (Job, XIX, 24). Nosotros, la fase apocalíptica de los tiempos. Nosotros, ¡los trenos de Jeremías!

``Yacen por la tierra en las calles el niño y el anciano, mis doncellas y mis jóvenes han caído pasados a espada. Has matado en el día de tu ira, has inmolado sin piedad.

''Han hundido mi vida en la fosa y han lanzado piedras contra mí. Las aguas subieron por encima de mi cabeza, pensé: ¡Estoy perdido! He invocado tu nombre desde las profundidades de la fosa. Tú ves, oh, Jahvé, mi opresión, hazme justicia. Viste toda su venganza, todos los designios contra mí. Has oído su ultraje, oh, Jahvé, todos sus designios contra mí. Les darás la paga, oh Jahvé, conforme a la obra de sus manos. Les darás la ceguera de corazón. Tu maldición será con ellos. Los perseguirás con ira, y los aniquilarás debajo del cielo, oh, Jahvé'' (Lamentaciones, III).

Sobre Europa se levanta un cadáver enorme y perpetuamente creciente. En la cuenca vacía de sus ojos brilla el fuego de la ira peligrosa, y sus dedos se apretaron en un puño huesudo. Nuestro Jefe Supremo y Dictador va a promulgar nuestras leyes y peticiones.

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(1) Nombres propios populares entre los judíos polacos usados como genéricos para designarlos.
(2) Apodos despectivos para nombrar a los judíos.
(3) Boleslaw Chrobry (967-1025), rey polaco creador de un fuerte estado feudal.
(4) Ursula Kochanowska, hija del gran poeta renacentista, cuya muerte inspiró a su padre un ciclo de elegías fúnebres.

Traducción: Krystyna Libura y Ester Seligson

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