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04 enero, 2009

De adioses prematuros

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Y si el corazón a veces
se nos sube a la garganta
¿es necesario tragar escupir
o tan sólo atragantarse?
Pozier.
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En este mismo momento me pienso muy abajo. Y digo, decir “no me dejes”. Y me veo desde muy lejos, con el rostro humillado de orgullo. Con los lacrimales burlándose de mi. Y decido decir, no decir nada. Cocer los ojos. Abotonar la garganta para no sentir desde el estómago ese polar recorrido de aire. Y así entonces poder decir “no me duele”. Y recuerdo unas ultimas palabras “Me dijeron alguna vez que si querías que alguien te extrañará, lo acostumbraras a ti” No pensaba a nadie más cruel que yo. No pensaba a nadie más decir “adiós” antes que yo lo hiciese primero. Soy muchos hilos en esta hora, me imagino de esa misma manera, con los sentidos desgajados. Pienso, ya no soy tan inmortal. Y le grito a Herschel por habérmelo hecho creer. Él dice “tú eres todo, y todo está bien. Tú estás bien” mientras esta en un país en guerra. Deshago maletas. Maldigo al vecino por usar mi lugar de estacionamiento, aunque lo ha hecho por los últimos cinco años. Pero hoy lo maldigo. Pronto serán las tres de la madrugada. Abro todas las ventanas. Y hay mucho viento en casa, así, como a mi me gusta que sea, así se hace, pienso. Duermo en el piso de la cocina. Pienso en la infelicidad que esta vez me he creado. Es mía, al fin y al cabo, digo. Escucho un tango muy azul, me muerdo los labios. Subo más el volumen. Tomo las sustancias necesarias en este punto. Sonrió cuando siento que nada más hay. Y he acabado la madrugada leyendo los libros de Salomón, el rey Salomón. “Todo pasa” “para todo hay un tiempo”. Puto tiempo. Digo, puto tiempo curioso. Es tan relativo. Puta relatividad. Einstein. Yo, ¿sería más fácil ser puta? Pienso, tres judíos dando soluciones de plástico, no servimos de nada. Me hago antisemita. Si, me mato, me quiero matar. De algo hemos de servir. De algo he de servir. Escribo el título de lo nuevo para el periódico. “Toda pasa, todo es relativo. Ya pasaste. Next”
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16 noviembre, 2008

Vuelve

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Vuelve mamá. Me pregunto si aún me reconocerá, si sabrá que sigo siendo el mismo paria, la misma amorfa, el harapo que camina. Iré al aeropuerto llevando tacones negros, con sonrisas de repuesto, usando pintura para que mi rostro no se vea tan pálido a lo oscuro de mi cabello, a las enfermedades y adicciones de estos días. Iré sin resaca, será la mañana sin resaca que toca en cada mes. El auto en el lavado y aspirado. La casa ya impecable, toda la madera oliendo, como a ella le gusta. Su habitación con un algún perfume costoso. Aunque pueda ser que solo me abrace, y vuelva al avión, huyendo de esta diminuta e infernal ciudad. Que duele. Y a mi me gusta. He pasado la tarde viendo el cine que aun tenia almacenado, llorando un poco, fumando, usando esa ropa cómoda, alimentándome de comida rápida, escuchando esa música de cantina, la cerveza, el opio, invito a alguien que me bese y después se vaya sin lágrimas. Hago lo que tengo que hacer, por la abstinencia que representa mamá. Me dejo morir lo suficiente para estar viva a su llegada. Voy al concierto de piano de ese chico que toca muy bien, y no sé por qué. Me acompaña el otro chico, el otro amigo, tiene bonita cara, cara de una noche o dos. Creo que nada más. Y me siento muy ruda a su lado. Me salva Herschel, y nos tiramos en mi cama, veo el violín de lejos, y los instrumentos colgados en la pared, Hersch dice: te has vuelto más persona. Yo me asusto. Vuelve a decir: trabajas mucho, como un padre de familia desesperado. Me rree asusto. Y le pido que mire mi cabello, mi cara, que compruebe si pertenecen a alguien razonable. Me observa con sus verdes y después le echa un vistazo a la habitación: eres una loca. Y ya sonrío. Han descubierto la hora en la que estoy en casa y llaman. Preguntan sobre la llegada de mamá. Yo pido que no jodan, que si ella les quiere ver, les llamara. Después recibiré una reprensión por ello. Me desvelo y dejo las ventanas muy abiertas toda la noche. Ando con poca ropa. Siento el frío, la música muy fuerte, tanto orgasmo, o la palabra que mejor lo represente. Y acostada en el piso de la cocina, pienso, pienso que alguna vez yo quisiera volver, así como vuelve mamá, que alguien me esperara con tanto miedo, desesperación, nerviosismo, y sobre todo, muriera por una caricia mía, así, como yo espero la de mamá.
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31 agosto, 2008

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Olvidarte
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Yo le preguntaba a Herschel todos los días lo mismo, y él me respondía siempre diferente. Hasta que una vez, cansada y ansiosa del teatro continúo le dije muy despacio y muy cerca de su oreja blanca, “la verdad, quiero la absoluta”, me escucho dentro de sus sueños y sin abrir los ojos dijo, “Todo se va, se muere”. Ya luego no sé cuantos cigarros fume. Porqué quizá comprendí, después de este largo camino de amapolas, de palabras cortantes, de vientres, de esquinas, de suicidios cansados, de ojos vacíos, de toda la música y nuestras orgías con ella, de la lluvia en las piernas, de las adicciones arraigadas, los sueños turbios, las cadenas en el cuello, el cine acosante, el té de la tarde, y el ron de la noche, el ron o la cerveza, o el vino, el tequila, las pastillas, o cualquier cosa que te levante de este mundo, las calles largas, los libros y sus olores, las lagrimas muy solas y muy ilusas… Comprendí que hay esperas, que nunca acaban. Porqué es decir, nunca llega, lo que sea, nunca llega. Pero se van, se mueren. Según Herschel se mueren. Y entonces entre las volutas pensaba que yo creía en lo eterno, pero que Herschel decía que se moría, se moría. Luego también no comprendía, o no quería hacerlo. Y entonces al día siguiente le hice otra pregunta, “¿Cómo?”. Y nuevamente por muchos días me dijo cosas distintas. Al último respondió, “el tiempo”. Y avente el rostro hacia la puerta, la nicotina no estará siempre para salvarlo, pensé. Porque, no sé de nadie, pero para mí el tiempo es subjetivo. Ya has de saber, todos esos segundos que se traducen en delirio y sudor, no pueden ser los mismos en el trabajo, o en el supermercado. Cómo llegar debajo de la falda, y frente a tu puerta, al lado de la costa, quizá con otro aspecto, pero siendo la misma persona extraviada, y decir ¿cuánto tiempo ha pasado? – Sólo un minuto cariño – Entender entonces que no tenemos tiempo, sino el que nos reclama el mundo y sus necesidades. Igual no entendí nada.
Después, sentada fuera de la sala roja, jugando con las hormigas y esos palitos de madera, como hace unos años – o quizá unos segundos – salió y me dijo, “no quiero que te suicides” - “Descuida, no lo haré sin avisarte antes, ¿quién tomará la foto?”. Luego me abrazo, apretó muy fuerte mi rostro hacia su pecho, casi sin dejarme respirar, ¿qué haces puta madre? Apenas le pude decir. “Te voy a decir algo, pero trato de asegurarme de que te quedes callada, hasta que recobres el aliento, y es que no hay cigarros… No olvidas, nunca vas a olvidar, es tu puto destino, no lo harás”. Me beso en la frente, subió a su auto desde donde me aventó esa cosa para respirar, y se fue. Y yo sigo en ese lugar, tratando de respirar, tratando, sin mucho esfuerzo…
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02 mayo, 2008

Hay alguien...



Hoy no estás como hace mucho tiempo, y de repente entiendo porqué algunos días no he sentido mi brazo izquierdo, y otros mis piernas están como secas, yertas, los ojos que nunca han funcionado del todo bien, hoy ni siquiera distinguen las acostumbradas siluetas. No estás querido, y te extraño. Debo decirte algo. Y es que estoy enamorada, muy enamorada, y ahora tengo tanto miedo Herschel, es de esas veces que, todo parece caminar en medio de espinas, y de alguna manera esta "bien", pero aún así tienes mucho miedo, miedo de saltar de un puente cualquier día, o amarrarte mil rocas a la espalda para aventarte luego a un precipicio repleto de agujas, es ese gran temor de estár enamorado "así", y amar, porque también amo. Y a pesar de todo, nada es más triste que esto. Porque las baldosas de mi inconciente están llenas, repletas de todo esto, de fotografías y canciones, de poesía taciturna, de hierbas y agua, de todo esto que con furia nueva se ha enterrado aquí, y nadie como yo sabe que un día tendrán que marcharse, el equipaje que yo hare carente de vehemencia y con los pasos mortíferos de quién no tiene nada más.

Y sé también que ahora tú estarás pensando en mi juventud, en lo inocente y fatalista que puedo ser, pero hermano, esta persona es todo eso que no he contenido en todas mis vidas, es eso del silencio y la música, la música, ahora escucho a Chopin y a Debussy, he dejado la banalidad y escepticismo de Paganini o Sibelius; esta persona no es persona Herschel, es un no sé qué, y duele, es algo que te danza dulcemente en el estómago para ahorcarte luego, es tan cruel y exacto. Y está, siempre está a deshoras, dejándome toda su miseria y tristeza, dejando que yo coma todo eso, para luego volver a lo ahíto de su abdomen como un cachorro buscando el calor de su madre. Pero esta persona no es mi madre, ni mi padre, ni siquiera nuestra sangre fluye en los mismos tonos. Y se lleva mi calma, y yo lo sé, y borro con la lengua y con los pies su culpa, que me llena la médula de compasión, y me flagela los dientes subversivos, reduciéndome a esto amorfo.

Y me ha dicho que me ama, lo dice por las tardes y por las mañanas a veces, y en las noches siempre, cuando recuerda que no es nada, sólo algo que pretende amar y ser amado. Herschel, estoy tan indefensa, muerta de miedo, escucho al viejo Cohen una y otra vez, "Dance me to the end of love", y pienso tanto en el final de todo, de esto, en esta historia delirante que me encuentra y me destruye, que le encuentra también, y que yo, cada día con el cuerpo desorbitado lucho porque no le destruya, nada, ni siquiera un poco.

25 marzo, 2008

Hermano amado...


Herschel ha dormido conmigo. Hace unos dias, y como a los años antiguos, sólo que esta vez los regazos juntos eran más largos, más tímidos, y azules. Desperte poco después de la media noche, sobre exaltada y con los dedos frios, y note en mis piernas el avivamiento de la esquizofrenia. Luego lo mire a él, dormia sereno, sus mejillas parecían cantar, y sus cejas marron con ese dejo de complicidad hacia mis cejas bailarinas, y sus pestañas doradas parecian pequeñas luciernagas amontonadas en el nido de sus ojos en medio de la oscuridad de la madrugada tibia. Y recorde los dias de las pequeñas camas, de los columpios compartidos, los juegos intrépidos, las lágrimas de niños tristes, los libros, el aprendizaje de la temprana edad, la curiosidad de las diferencias de genero, las promesas, los sueños verdes, recorde tanto que tuve un fuerte, enrarecido y terrorifico impulso de echarme sobre él y abrazarlo tan fuerte, robarle la dermis, fundirme a él y gritar con la voz roja las ansias, y de repente estár otra vez en nuestra tierra, en nuestros juegos y preocupaciones felices. Y guarde las estaciones en mi caja de pecho y solo me acerque a su oreja y sople lentamente, él desperto un poco, sólo un poco y con la voz epicentrica y suave me dijo, -¿qué haces?-, "nada", le respondí, él sonrió y me abrazo, y volvimos a dormir. Por la mañana al despertar su rostro de niño estaba frente a mí, y sus ojos muy atentos me veían, y antes que pudiera decir algo, Herschel dijo: "Rup, sigues teniendo el universo en los ojos..." Edderai, deberia saber que los dias grises de prision se sostienen en su nariz, nadie sabe ser más maldito, porque todo viene desde el fondo de su dulzura extrema, y su alma superior. No es cuestión de arcoiris, ni duendes, yo le menti... y es que tal vez es suficiente lo que se destila entre los espiritus índigos, o la hermandad eterna. Y me pregunto continuamente cuantas lluvias más nos esperan, y deseo profundamente que sean más que en la vida pasada, porque nos deben de alcanzar, y tenemos que hacer ropa, comida, libros, musica con ella, ¿él que creera?. Tiene que creerme, como siempre, debe hacerlo.