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21 febrero, 2009

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Me has visto venir con las zapatillas grises y con mi cámara fotográfica vieja, y sé que has querido echarte a llorar. Es muy inútil esta rutina de escribirte, de que me leas, de que me escribas, de que te lea, de que hagamos tragedia, y luego escuchemos una canción que nos desgaje mucho los ojos. Es tan cansado que en la madrugada se hayan establecido ya las horas para extrañarte. Mira, vamos, lleguemos a acuerdos, nosotros, dos personas sin sentido. Estoy viviendo la vida exacta que tú no quieres. Es decir, te estoy diciendo: que mañana tal vez ya no voy a estar. Y te esta doliendo, lo noto porque sonríes y te muerdes los labios y dices: “esta bien”. No, no cariño, no esta bien. No esta bien, de hecho esta muy mal. Porque no vamos a poder vivir toda esta vida comiendo opio y bebiendo vodka a las tres de la tarde. Y olvidando todo, y volviendo otra vez, de a poco, atragantándonos la vida. O sí. O pienso mas bien en componerte una canción para violín, la que has pedido, e irme. Comienzo a ver el mundo desde los puntos donde se vuelve curvo, y no sabes que vendrá a cada nueva esquina. Si vendrá lo nuevo, o cíclicamente vendrá. Vendrás tú. Es la caída constante. De la que emerges. Y ahora mismo pienso en que no puedo dejarte, sin dejarme. Que tendría que formarme el nuevo rostro, antes de tus gestos, que ahora son mis mismas cejas, y sacar la nueva retórica, y cocer la boca sin tu sonrisa. No consumir más hongos, dejar los conciertos de rock, olvidarme de la mímica, cerrar los cines de mi ciudad, no hablar con más niños en la calle. Incluso, dejar mi carrera dolorosa y perdida de músico. Ser alguien simple que vive, y duerme, y come, y trabaja diariamente y no hace sufrir como profesión orgullosa de un alma. Pienso en olvidarte. Algún día. Pienso hacerlo incluso un día antes de irme. Y dar tal vez un: adiós, hace unas cuantas horas que te olvide. O algo muy así de la gente que dice mucho que ama y que olvida pronto. ¿Quién? No sé. Comienzo a herirme, te estoy hiriendo. Estoy siendo idealmente estupida y transparente, me desnudo continuamente ante ti. Soy desvergonzada el primer calificativo que me diste al conocerme. Y lo he preguntado a mamá, y ha dicho: sí, lo eres. Ya, ya, lleguemos a acuerdos. Tomemos nuestro café acostumbrado de las seis de la tarde. Pidamos crema irlandesa extra. Escuchemos punk y luego un poco de bossa. Hablemos de política y religión. Mira hacia al piso, y yo levanto la ceja. Tose de vez en vez. Tanto humo en nuestros pulmones. Hablemos correctamente. Leamos el capítulo siete de Rayuela. Finjamos que hasta ahora a ninguno le ha pasado por la cabeza hacer el amor. Y caminemos de regreso a casa. Que llueva. No te concibo sin lluvia. Me estoy hincando otra vez a tus segundos rojos. Estoy vistiéndome de abstinencia y durmiendo en tu tibia cama de cielo. Creo, me estoy abandonando a tu barbilla que me impide dar pasos largos. Corta. Cortemos la cuerda que amarra nuestras caderas. No digas más aquello de que embonan perfectamente. Lleguemos a acuerdos. Deja que me vaya, no me mires, no me toques, no pases a mi lado, no respires cerca de mí, no dejes que escuche tu voz, cierra la puerta, no la abras más, deja que me vaya. Rómpeme. Échame fuera. No me conozcas más. Borra el cinismo y la insolencia que te conquistan. Estoy siendo imposible en este mismo momento. Me veo desde aquí, desde tu sofá, y me veo en el acto más ridículo y necesario. Quiero salir amor. Quiero salir. Me estas matando…
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09 febrero, 2009

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-No bueno, no te voy a mentir-.
Decirte que este lugar con demasiada vida me llena sin
siquiera recordar tu rostro. No, yo no te voy a mentir.
Decir muchas cosas que a las tres con quince me hacen feliz,
doliéndome desde dentro la insistencia famélica.
Ser incoherente entonces al decir,
“sí, sí, hoy mismo soy más puta, alcohólica y perdida,
al día que te conocí”. Pero no pienso en mentirte.
Más bien aseguro mis labios, justo en el lugar que
ocupan en mi rostro, es necesario amarrarlos con
cuerdas que no provengan de tus cabellos.
Y esta mañana pensaba en escribirte algo más alegre,
tal vez “aquí, todo el tiempo huele a cerezas y a lluvia…”
o “siempre tropiezo con tus pies en las esquinas verdes y
diminutas de este lugar…” Escribirte algo,
que dejara ver mi estupida manera de venerar tu ausencia,
de estar tendida en suelo haciendo el teatro continuo,
con los mismos ojos que ya sabes de memoria, demostrar la
debilidad de mi piel a tus minutos fugaces. Y no lo quise así.
Decidí plantarme en este mismo café (de las seis de la tarde)
cruzar la pierna sobre la otra con botas azules, pintarme los labios,
mientras sentía los flujos extranjeros y sonrisas dadivosas,
sentarme en la mesa de madera en la esquina, sacar la hoja descuidada,
un bolígrafo, cualquier bolígrafo, escribirte:
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No te mentiré: Te extraño, pero no te necesito.

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28 enero, 2009

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Yo sé, probablemente nunca entiendas muy bien lo que te cuento ahora. Esta tarde es extensa, y muy gris, y casi tan larga como este camino que caminamos. Es fría, y en la piel se siente un placer como tartamudo, como por puntadas en todo el cuerpo, parece darse y no darse. Esta tarde tiene mucha música de fondo que la describe, y que duele un poco, a veces entonces también te amontono junto con todos los instrumentos. Me he mordido mucho los labios viendo a través de la rendija la sombra magna de los árboles a la luz del sol, que ya es luz de luna. ¿Te he hablado alguna vez de mi pasión por los árboles? Estoy segura de haberlo mencionado en cierta ocasión. Estoy segura de que me habrás visto ya entre tu mente abriendo la boca redonda ante un árbol. Eso soy. Tengo una multitud dentro mío, todos queriendo decirte algo. Comenzará alguien por hablarte de toda la melancolía que se escurre en este lugar, o visiones de un país lejano al que no he podido llegar, quién sabe por qué razones sempiternas que supongo nunca entenderé. Y hay invitaciones para ti, te dicen: Vayamos a vivir a Arabia, y seremos de un color carmín feliz. No imagino tus respuestas, más bien, veo exactamente tus silencios. Son de un estilo “piano” y te hieren con arte. No puedo hablarte ya más sobre mis vicios a esta hora, el alcohol o las hierbas, porque al fin y al cabo sé que conoces bien la mordedura de mi alma indómita, conoces y te haces infeliz, como si fuese yo, algo que duele. Y tengo la intención de hablarte sobre el nuevo libro que estoy leyendo y la magistral crueldad del narrador, que me hace recordarte a deshoras, pero recuerdo y termino por gritar hasta romperme la voz. Eso, yo pienso, te hará llorar entre sonrisas. Algo muy de ti, o de tus desordenes anímicos. Cómo contarte de la coherencia de mi vida, sin modificar las situaciones típicas de mi esquizofrenia, y no decir lo que hago para que no sientas que me pierdes de nuevo, y de nuevo otra vez. No. Porque me viene de bajada, la imagen oblicua de mi cuerpo en la estación y mi boca gesticulando un “adiós. Pero no me voy”, y tú huyendo a cualquier lugar que no te permita ver la despedida continua. O tal vez, una única intención tuya de hacerme ver lo poco que es importante para ti mi partida. Hay tanta maraña en mi cabeza esta tarde. Que podría comerme todo el mundo y no tener sabores. Que incluso podría llamarte y sólo poder decir, la única palabra que entiendo desde el día que te conocí. Pero y qué más dan las letras, si yo sé que es tan probable que no hayas entendido nada de lo que te he contado ahora…
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17 enero, 2009

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Somos chistosas las personas, digo. Mas o menos a esta hora siempre digo eso, será porque llego con más alcohol que sangre en las venas. Llego, y normalmente siempre caigo en el quinto escalón de la escalera de madera, me quito los zapatos e intento llegar hasta la habitación, y paso antes al baño a soltar el estómago. Me tiro a la cama. Y curiosamente. Ahora mismo, lo he notado, lo estoy notando. Te busco. Irremediablemente. Como sin voluntad propia. Y estas, de alguna manera, siempre. Doliendo desde los extremos de mi abstinencia. Digo: no, no puede ser. Ya no. No más. Tengo tantos hombres y tantas mujeres alrededor. Con mi soberbia andante digo: no, no puede ser. Y entonces parezco chistosa, cuando dirijo los pasos, sin previo aviso, a este lado de tu vida. Y regularmente vengo a mostrarte lo estúpida que puedo ser, y vamos, que feliz que todos lo noten. Pienso que si quizá viviéramos en la misma ciudad, te armaría grandes dramas en medio de la plaza principal, o en el restaurante más famoso. Te gritaría lo imposiblemente hermoso que puede ser el planear mi vida a tu lado. Y el asco que me dan las imposibilidades en mi vida. Y tú, con tu mente que siempre ha sido más sensata que la mía, yo pienso, me acariciarías el cabello, y dirías: vamos, vamos a casa. O algo así que evitara estar en la estación de policía a las tres de la mañana, otra vez. ¿Delito? ¡El puto amor señor policía! ¡El puto amor! Cuando pienso entonces en "esto" que tenemos, pienso en el prólogo sobre ese poeta, cuando dice "no sé de amores pequeños, ni los quiero". Te cuento, pienso en esto y digo, ojalá supiésemos de amores pequeños, tal vez seríamos más felices. Si te amara quizá a las once de la mañana. Y tal vez un poco por la tarde, obsequiandote un chocolate y nada más. ¿Qué seríamos? Yo no sabría cómo... el masoquismo constante que provocamos. No nos deja. Esta imperfección tan perfecta de nosotros, me agobia. Hoy mismo, saliendo del teatro, un niño con un suéter verde algo roído, me ha alcanzado corriendo para preguntarme ¿Eres músico?
Cómo haces tú para estar hasta en la acera de la avenida principal de mi ciudad...
"No soy"
¿Y que traes a la espalda?
"Un violín"
¿Por qué?
"Porque soy feliz trayendo un violín a la espalda"
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Sonrió y se fue.
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Cómo haces.
Leo "love" en tus poemas. Y me pienso absurdamente en la posición principal, y digo: sí, love, tú, love, yo, love. Que sucia puedo ser, cuando quiero ser, y que nadie más sea. Que roja me puedes sentir entonces. Que inocente siempre. Pintarme los labios de rojo, darte un beso. El beso. Con la música de Tiersen de fondo. Soy tan pequeña a esta hora... tan desnuda. Con el opio siento el año de mis quince años de edad, cuando era "el beso". Y no, "la jodida vida", de este segundo. Te escribo ahora: te necesito dejar, antes de acabar sin piel.
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04 enero, 2009

De adioses prematuros

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Y si el corazón a veces
se nos sube a la garganta
¿es necesario tragar escupir
o tan sólo atragantarse?
Pozier.
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En este mismo momento me pienso muy abajo. Y digo, decir “no me dejes”. Y me veo desde muy lejos, con el rostro humillado de orgullo. Con los lacrimales burlándose de mi. Y decido decir, no decir nada. Cocer los ojos. Abotonar la garganta para no sentir desde el estómago ese polar recorrido de aire. Y así entonces poder decir “no me duele”. Y recuerdo unas ultimas palabras “Me dijeron alguna vez que si querías que alguien te extrañará, lo acostumbraras a ti” No pensaba a nadie más cruel que yo. No pensaba a nadie más decir “adiós” antes que yo lo hiciese primero. Soy muchos hilos en esta hora, me imagino de esa misma manera, con los sentidos desgajados. Pienso, ya no soy tan inmortal. Y le grito a Herschel por habérmelo hecho creer. Él dice “tú eres todo, y todo está bien. Tú estás bien” mientras esta en un país en guerra. Deshago maletas. Maldigo al vecino por usar mi lugar de estacionamiento, aunque lo ha hecho por los últimos cinco años. Pero hoy lo maldigo. Pronto serán las tres de la madrugada. Abro todas las ventanas. Y hay mucho viento en casa, así, como a mi me gusta que sea, así se hace, pienso. Duermo en el piso de la cocina. Pienso en la infelicidad que esta vez me he creado. Es mía, al fin y al cabo, digo. Escucho un tango muy azul, me muerdo los labios. Subo más el volumen. Tomo las sustancias necesarias en este punto. Sonrió cuando siento que nada más hay. Y he acabado la madrugada leyendo los libros de Salomón, el rey Salomón. “Todo pasa” “para todo hay un tiempo”. Puto tiempo. Digo, puto tiempo curioso. Es tan relativo. Puta relatividad. Einstein. Yo, ¿sería más fácil ser puta? Pienso, tres judíos dando soluciones de plástico, no servimos de nada. Me hago antisemita. Si, me mato, me quiero matar. De algo hemos de servir. De algo he de servir. Escribo el título de lo nuevo para el periódico. “Toda pasa, todo es relativo. Ya pasaste. Next”
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20 diciembre, 2008

De vuelta con el melodrama

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Con frecuencia me imagino que no existo. Intentó hacer los segundos más diminutos. La vida más frágil. La puntuación más necesaria con el silencio que finaliza lo que no empieza. El desasosiego continuo no se inmuta tras el aliento, eso duele, con todo y religión. Me pienso entonces en la condición de quién nada es. Quizá porque soy un tanto cobarde, y todo me lastima. Soy infeliz a esta misma hora, me vuelvo mal agradecida. Hasta olvido cómo se come el opio. Y el chico hippie que me acaricia las piernas me dice “eres judía no? Por qué tienes esa pequeña vida roja?” Y yo le respondo: No, no, como dice el guión de esa cinta israelí “mi vida es una película árabe”. Y bebemos más y lloramos más, sin saber realmente lo que hablamos. Es porque nadie nos sabe muy bien, ni siquiera ambos entendemos la razón de estar en el mismo sofá. Le explico mis necesidades de ir al norte, para besarle solo los ojos a una persona. Él me argumenta sobre sus ideales de libertad y justicia. Al final nos reímos de nuestra inocencia. Me pongo las botas y me voy. Salgo a la calle buscando la misma sensación de la no-existencia. Pero a esas horas, lo único que queda es subyugarse a las habitaciones, mientras alguien oprime tu largo cuerpo. Y exístes un poco menos, alguien mas se lleva tu demencia entre las piernas.
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23 noviembre, 2008

Pasa que...

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Escucho una canción francesa que me recuerda mucho, lo que solemos ser, con las manos juntas. Y los ojos cerrados. Y las piernas desnudas. Mi casa es muy burgués estos días, y entonces yo te extraño. Me tiro en el sofá más sucio y alejado, veo a todos pasar, apurados, por algo de la vida que yo aún no entiendo muy bien. Me pasan las horas ahí. Imagino. Eso que es lo único que hacemos un poco bien. Le ciel dans une chambre dice la canción. Y veo las calles angostas, con todas las piedras y los colores con los faros altos amarillos. Mis zapatos rojos dentro de los charcos. Tú ahí, observando nuestra demencia. Hay que ir a trabajar mañana guevonsita, a dormir. Me dice el chico del cabello rojo, sin mucho tacto. Yo aprieto el rostro hacia la tela. Me pregunto cómo me dirías tú ese “hay que ir a trabajar mañana guevonsita, a dormir”. Me pregunto si contigo tendría que ir a trabajar al otro día, o seríamos esos errantes jugando en cualquier callejón, a que no hay vida, o que somos todo, y todos son nada. O si simplemente pasaríamos los días en la habitación roja, muriéndonos dentro de una cinematografía avasallante, o con la música haciéndonos heridas por todo el cuerpo, jugando con nuestros orgasmos. Me pregunto si tendría que seguir siendo un protocolo humano. Si tendría que pintarme las pestañas, comer lasagna al medio día, hablar con los hombres muy bonitos y muy pendejos, sonreírles, y alejarme al sonido de los tacones que gritan un espero no verlos nunca mas. Imagino que podría levantarte a las tres de la madrugada, para que me escucharas y me dijeras si por fin me sale esa de Brahms, o si estoy desafinando otra vez por culpa de la esquizofrenia, que a veces me hace tenerle tanto miedo al violín marrón. Y ya me levanto del sofá, voy a la nevera por una cerveza, me la tomo de la cocina a la habitación. Y me pregunto quién te estará pidiendo a ti que vayas a dormir...
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16 noviembre, 2008

Vuelve

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Vuelve mamá. Me pregunto si aún me reconocerá, si sabrá que sigo siendo el mismo paria, la misma amorfa, el harapo que camina. Iré al aeropuerto llevando tacones negros, con sonrisas de repuesto, usando pintura para que mi rostro no se vea tan pálido a lo oscuro de mi cabello, a las enfermedades y adicciones de estos días. Iré sin resaca, será la mañana sin resaca que toca en cada mes. El auto en el lavado y aspirado. La casa ya impecable, toda la madera oliendo, como a ella le gusta. Su habitación con un algún perfume costoso. Aunque pueda ser que solo me abrace, y vuelva al avión, huyendo de esta diminuta e infernal ciudad. Que duele. Y a mi me gusta. He pasado la tarde viendo el cine que aun tenia almacenado, llorando un poco, fumando, usando esa ropa cómoda, alimentándome de comida rápida, escuchando esa música de cantina, la cerveza, el opio, invito a alguien que me bese y después se vaya sin lágrimas. Hago lo que tengo que hacer, por la abstinencia que representa mamá. Me dejo morir lo suficiente para estar viva a su llegada. Voy al concierto de piano de ese chico que toca muy bien, y no sé por qué. Me acompaña el otro chico, el otro amigo, tiene bonita cara, cara de una noche o dos. Creo que nada más. Y me siento muy ruda a su lado. Me salva Herschel, y nos tiramos en mi cama, veo el violín de lejos, y los instrumentos colgados en la pared, Hersch dice: te has vuelto más persona. Yo me asusto. Vuelve a decir: trabajas mucho, como un padre de familia desesperado. Me rree asusto. Y le pido que mire mi cabello, mi cara, que compruebe si pertenecen a alguien razonable. Me observa con sus verdes y después le echa un vistazo a la habitación: eres una loca. Y ya sonrío. Han descubierto la hora en la que estoy en casa y llaman. Preguntan sobre la llegada de mamá. Yo pido que no jodan, que si ella les quiere ver, les llamara. Después recibiré una reprensión por ello. Me desvelo y dejo las ventanas muy abiertas toda la noche. Ando con poca ropa. Siento el frío, la música muy fuerte, tanto orgasmo, o la palabra que mejor lo represente. Y acostada en el piso de la cocina, pienso, pienso que alguna vez yo quisiera volver, así como vuelve mamá, que alguien me esperara con tanto miedo, desesperación, nerviosismo, y sobre todo, muriera por una caricia mía, así, como yo espero la de mamá.
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08 noviembre, 2008

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Tengo la vivencia tuya, muy asentada aquí, en mi estómago o algo así, que no me deja respirar. No escribo. Muchos días y no escribo. Tengo un miedo, liquido carmín, de encontrarte resbalando entre las líneas. Camino por las tardes viendo a toda la gente, veo una palabra que escribir por cada uno de ellos. Las calles tienen grandes libros. El cielo puede ser el pergamino más extenso. Hay flaqueza en mis manos. Mucha cosa normal de todos los días. Una simpleza que me acaba. Estoy siendo muy humano, tan terriblemente humano. Que no escribo. Que hago esas cosas como tomar la siesta, o comer emparedados de chocolate, salir a los bares, saludar. Protocolo. Volverme persona. Ser. Ser porque no te soy. Porque te busco a la deshora que prometes, a la punzada tibia de mi pierna. Y no puedo serte. Las delgadas líneas verdes entre nuestras caderas, o algo que no se estira con mucha facilidad, o más bien se estira demás. Como esta hambre. En forma de abecedario, todo duele más. Aunque vengo, y parezco más cruel y tonta que siempre. Persona. Caigo muchas veces en la cama sucia. Con los saxofones y todo eso que nos mimetiza. Me reencarnan las horas y sigo aquí. Muy preocupada por el revés del mundo. Me duele la cabeza como a todos, soy todos. Y los pulmones funcionan menos con el paso del humo y de los días. Sigo sedada por esto que me crucifica día tras día. Y cómo le llamaré. ¿Cómo le llamaremos? Deberíamos encontrarle nombre a esto. Sería necesario en las autopsias. Quizá y dejamos algún documento con esto. Aunque no podamos comprobar nada. Porque no somos. Y estamos. Estamos y no somos. O somos y no estamos. O “Yo soy tú y tú eres yo”. Porque ya las drogas no funcionan, ni la flagelación, ni los nuevos árboles o un vestido más rojo. Inútilmente sigo intentando vivir lo que nadie vive, ni nadie quiere. Muy absurda yo, así, como el día en que me conociste. Escucho punk y pretendo la siguiente la vida, la vida paralela. La bipolaridad que nos conmueve y no nos deja. Ahora tengo cine. Supongo que esta noche será muy mía, muy de ti.
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07 septiembre, 2008

Manifiesto sin ojos

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Yo quiero ser más grande que esta ciudad. Tomar con los dedos sus sustancias, llevármelas a la boca. Todo Nueva York dentro mío. Que todo lo que hay lo reproduzco en la piel, en los ojos, en la boca, desborda entre mis piernas. Todo lo que se vive, y lo que se muere siempre, un poco más. Porque ahora me vuelvo inmensa, y me cabe esta ciudad dentro, y este continente, y todo este mundo. Nadie puede con la extensión de mi pecho y de mi lengua taciturna. Convoco a las ciudades del sur, a mi tierra en el oriente, a mi tierra que es dueña de este, y de todos los demás mundos, que me crece, que me siembra y me vuelvo lo verde y lo rojo y somos una, aquí, abajo, en el exilio, y muy adentro. Y lo digo ahora, que todas estas luces se apaguen, que huyan, que se aniden en el vestíbulo de dónde han salido, y el foco que vuelva, y que no venga, que nos deje con estas manos de cera y nuestras quemaduras que alumbran más que cualquier cable tan pequeño. Porque todos, con las luces apagadas nos conocemos mejor. Y los autos crueles, que sepan que tengo todo el aire ahíto de mi, encima, derrumbando todo, y en cualquier momento se me va, y si lo tengo no lo respiro, pero no se los doy a sus nubes negras. Algo cubre este puente y me desdeña, me infringe. Cómo podríamos sacar a todos de aquí. Cómo decirles, "corran, no se queden aquí" sin que nuevamente nos envíen al manicomio.
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Poseo la música, y esta mañana me he dicho, nadie es mejor piano que yo, y seguramente mañana nadie podría lograr ser el violín que me significo. Y que toquen entonces a mi puerta y con los lacrimales rotos y pidan la música, y sólo uno por uno, que la gente de esta tierra no tiene oídos azules. Busco que se me escurra el ascetismo por los ojos, busco una razón dentro de toda la bahía que me haga sonreír ante este mundo. Y encuentro abedules, y aves, y el agua... encuentro puntos por los cuales llorar de alegría, pero no sonrío, pues todos están ahí, muy cerca, destruyéndolo. Y si soy una más. Me levanto en el centro del mundo, y me veo, bajo la tierra, dentro de la nicotina y con un arma en la mano. Y de repente todos me matan, pero yo no sé usar un arma.
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Corrí a casa, y de repente dijiste "buenas noches..." y sonreí aún con la boca roja.
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31 agosto, 2008

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Olvidarte
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Yo le preguntaba a Herschel todos los días lo mismo, y él me respondía siempre diferente. Hasta que una vez, cansada y ansiosa del teatro continúo le dije muy despacio y muy cerca de su oreja blanca, “la verdad, quiero la absoluta”, me escucho dentro de sus sueños y sin abrir los ojos dijo, “Todo se va, se muere”. Ya luego no sé cuantos cigarros fume. Porqué quizá comprendí, después de este largo camino de amapolas, de palabras cortantes, de vientres, de esquinas, de suicidios cansados, de ojos vacíos, de toda la música y nuestras orgías con ella, de la lluvia en las piernas, de las adicciones arraigadas, los sueños turbios, las cadenas en el cuello, el cine acosante, el té de la tarde, y el ron de la noche, el ron o la cerveza, o el vino, el tequila, las pastillas, o cualquier cosa que te levante de este mundo, las calles largas, los libros y sus olores, las lagrimas muy solas y muy ilusas… Comprendí que hay esperas, que nunca acaban. Porqué es decir, nunca llega, lo que sea, nunca llega. Pero se van, se mueren. Según Herschel se mueren. Y entonces entre las volutas pensaba que yo creía en lo eterno, pero que Herschel decía que se moría, se moría. Luego también no comprendía, o no quería hacerlo. Y entonces al día siguiente le hice otra pregunta, “¿Cómo?”. Y nuevamente por muchos días me dijo cosas distintas. Al último respondió, “el tiempo”. Y avente el rostro hacia la puerta, la nicotina no estará siempre para salvarlo, pensé. Porque, no sé de nadie, pero para mí el tiempo es subjetivo. Ya has de saber, todos esos segundos que se traducen en delirio y sudor, no pueden ser los mismos en el trabajo, o en el supermercado. Cómo llegar debajo de la falda, y frente a tu puerta, al lado de la costa, quizá con otro aspecto, pero siendo la misma persona extraviada, y decir ¿cuánto tiempo ha pasado? – Sólo un minuto cariño – Entender entonces que no tenemos tiempo, sino el que nos reclama el mundo y sus necesidades. Igual no entendí nada.
Después, sentada fuera de la sala roja, jugando con las hormigas y esos palitos de madera, como hace unos años – o quizá unos segundos – salió y me dijo, “no quiero que te suicides” - “Descuida, no lo haré sin avisarte antes, ¿quién tomará la foto?”. Luego me abrazo, apretó muy fuerte mi rostro hacia su pecho, casi sin dejarme respirar, ¿qué haces puta madre? Apenas le pude decir. “Te voy a decir algo, pero trato de asegurarme de que te quedes callada, hasta que recobres el aliento, y es que no hay cigarros… No olvidas, nunca vas a olvidar, es tu puto destino, no lo harás”. Me beso en la frente, subió a su auto desde donde me aventó esa cosa para respirar, y se fue. Y yo sigo en ese lugar, tratando de respirar, tratando, sin mucho esfuerzo…
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08 agosto, 2008

Asma

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No sé por qué aún quieres hacerme creer que existo. Venir y decir, "hey, despierta, he llegado..." Si sabes que vienes, pero no llegas. No llegas. Todo esto muy al modo de mi felicidad, viene y no llega, ya sabes. Y yo continúo con mis enfermedades múltiples y mis constantes adicciones. Muriéndome en todos lados, y la gente dice de pronto, ¿...no te habías ido...? Y entonces camino con disimulo y pienso "no me he ido porque estoy esperando" Aunque no sé qué espero. Tú has de entender, seguro has pasado por esto, y por eso venís ahora dando vuelo a tus pasos como si tu camino fuese tan derecho. Tenemos caminos torcidos, eso todos lo saben. Pero qué más da que unos sepan más u otros menos. Todos devoran. Pero ni tú ni yo sabemos mucho de las gentes. Nos importan algún día cuando quizá quisiéramos una cerveza y no hay nadie en la barra, o cuando entráramos a esa librería y nos dijeran "ya casi cerramos". Pero nada mas, y sólo algunas veces. De cualquier manera siempre es el mismo teatro ¡el mismo puto teatro!. Pero qué haríamos tú y yo sin esas cosas que se aferran a hacer nuestra vida dramática. Y ahora, de repente, yo sé quién soy, yo sé lo que soy. Y de cierto que no existo. Tan cierto cuando me creas. Es algo así que igual no entiendo muy bien pero estoy sujeta a ello. Y hoy ese médico dijo "tú tienes más que asma..." Y yo dije, "oh sí, y esa otra persona". "No, es.." dijo él. Lo que dijo no importa ya. Pasa que en este instante de pronto quiero que me lo vuelvas a hacer creer...---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

04 agosto, 2008

De hierbas y algo más

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Tener el cuerpo lleno de hierba y alcohol no es precisamente lo mejor, al menos no lo más "sano". Pero a mi siempre me ha resultado compasivo todo ese juego sustancial dentro de las venas y demás. Algo en el cerebro que no te deja decir nada humano y te convierte en alguien, en algo como el aire, y como cualquier flor amarilla, o a veces hasta crees que eres una grande ola. Todo es muy "casual". Que si el peyote y el opio podían hacer ver al dios de la lluvia y al del sol, que un cariñoso porro no me deje ver a mi "el amor sin el amor". Sí, lo he descubierto esta última vez. Es algo así como tener todo un zoológico en la boca, salvaje el horizonte, queriendo escapar, queriendo salir y andar. Son palabras ciertamente. Pero no entienden de gramática y más. Y se quedan ahí anidadas en el paladar, y quieres, y piensas, tú piensas y sabes que estás diciendo desde abajo un "te amo" taciturno, pero no lo estás diciendo. Y también crees que tus brazos están extendidos, están tocando, están abrazando, sientes dermis, alguna dermis. Pero solo estas contraída al estomago, con las manos en la espalda. Es mucho así, mucho "el amor sin el amor". Una respiración burbujeante, hirviente. Un aliento que necesita ser golpeado. Entonces "piensas". Dices que piensas que es mejor taparte hasta la cabeza con la sabana, oscurecerte, y que tu boca se mueva, bese a alguien, bese a eso que esta y no esta, y que corta la mandíbula en pedazos pequeños incandescentes. Y quizá entran millones de partículas en la boca. Y comen los restos, los restos de tus sustancias. Entonces hay una gran fiesta de "el amor sin el amor" dentro tuyo, completo. Porque ultimamente entiendes que no existe mucho, que no existe nada. ¿Quién es el amor y cuando vino y cuando se fue? Qué putas que nadie lo vio! Pero paso congelando las lenguas de todo el mundo. No sé. Pero Julieta me dijo, "cuando alguien te diga "te amo" asegurate que tu cuerpo este vacío antes de responder, porque sino seguro dejas a "el amor sin el amor". Pero seguramente ya era muy tarde, como siempre, llego tarde. Aunque aún persistía esa voz náuseabunda comparandome a las sonatas de Corelli.

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29 julio, 2008

Te quiero preguntar...

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Cómo. Cómo hacerte entender que no hay más para mí sin ti. Que no hay historias, ni personas, ni avenidas, mascotas y canciones. Que no hay señores de sombreros largos, ni mis frutas rojas. Que no hay madera y lluvia. Que tú asesinas. Que tú me matas aquí, de todo, para revivirme sólo en ti. Cómo yo podría ahora sin este aspecto cansado mío, venir y decirte "llegue, ya llegue amor". Cómo. Y si no estuvieras. Y si estuvieras. Y si me vieras. Y si me escucharas. Si existieras otra vez... Pero dime, dime tú. Cómo llegar con la cara no humana y besarte los parpados. Cómo sacudirme el opio y entregarte el trigo nuevo. Cómo ser eso que necesitas y que no soy. Porque no sé ser nadie. Entonces, te despojarías en la anarquía? O cómo, dime persona mía, cómo amarías entonces a quien no es nada ni nadie?
Cómo, cómo ser todo en ti y contigo. Sin dejar de ser esto, eso, esto... Cómo evadír el salvajismo de los primeros años y dejar la arrogancia famélica. Y decír, y decír todo. Y hacer todo. Pensarlo todo.
Cómo sin ti. Cómo conmigo.

Cómo, Cómo, Cómo!
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23 junio, 2008

Mon amour: hoy, esquizofrenia aguda.


El cielo esta a punto de caerse. Es como si las lluvias de todas las vidas fueran a caer ahora.Y no tengo miedo, y sí te necesito. Cada vez veo menos y los espirales mentales agujeran con vehemencia mi cabeza. No tengo mucho de nada, no tengo tanta felicidad, ni tanta tristeza, quizá y sólo tenga esa insuficiencia suicida tan concurrida de mis días. Escucho música por mero masoquismo, es un encontrarte repetitiva y cruelmente.
Me encontraba sentada en cuálquier silla, afuera de la sala de "Mesóamerica", un poco, o totalmente ida, con una chica al lado que hablaba, no sé realmente qué decía, nunca me importó, y olvidando de pronto mí ascéticismo comía papas a la francesa (a la"francesa" baby) cuando sonó el saxofón... no sé cómo fue que eras tú, pero cambio todo, como siempre, el antes y el después de ti. Sí, y después todo fue un constante dolor, una enfermedad incesante. ¡Puta enfermedad! con tu nombre, pensaba cada vez que esas sonrisas amables y aburridas preguntaban: "¿estás bien? ¿necesitas algo? ¿quieres hablar? pareces pálida..." ¿Por qué no apareces un momento en sus vidas para que entiendan al menosun poco?
"Nada es tan sencillo"...y viene la voz de al lado "No, pues nada es tan sencillo". ¡Aja! Pero esto, eso, ¡es menos sencillo que todo lo que puede ser no tan sencillo! Así somos los seres humanos, todo lo peor es lo nuestro. Y lo mío. Y tú. No soy amable, lo sé, pero las ansias y la desesperación crecen, no entiendo y sigue lloviendo. Sigue lloviendo la tierra, como recordándome que aún no estoy en ningun lugar, que sigo en esta tierra de nadie, con todos estos desconocidos y los lugares decadentes. Una "vagabunda con vestido" dice la adorable señorita Paz, y luego me besa la frente como diciéndo "aún así te amo". No me interesa, odio la autocompasión. Si no me amará a mi misma quizá ya no estuviera aquí. Supongo que detrás de todos estos disturbios esta mi narcisismo indulgente.

(Pam Pam tin tin tin Pam turu Pam... Hay muchos pianos aquí...)

Me duelen los dientes y todo esto que te pertenece, y dejaste aquí, abandonado, desgastado, seco. Yo no soy la misma nunca. Tú, tal vez, eres normal, pero sin mi. Así que probablemente estés más reluciente, sin ojeras y una sonrisa armoniosa. Y no podrías entonces con esa normalidad. Lo sé. Porqué yo tampoco podría. Y probablemente fue esa la razón por la que decidimos anudarnos. No necesitamos que nadie nos diga... ¿verdad que no?. Porque quién como yo puede sentír el temblor un minuto antes del descenso, cuando vienes tú, y ya no hay cuerpos. No sé con quién hablo, y te preguntó, y te digo, y te grito. Porque a veces, de pronto, necesito saber que me amas más allá de todas estas enfermedades...

13 mayo, 2008

Domingo 11 de Mayo


Mon amour, el museo está ardiendo, el fuego sale por las paredes, por las columnas y los arcos, sube desde el piso, la cantera cromada, y yo vuelvo a ser agua. Tengo tanto sueño, -tú sabes de esta somnolencia mía innacabable- y he roto todas las sillas, me he tirado al suelo, luego sobre los postes y las pequeñas vallas, y sigo sintiendo las venas mortecinas.
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Ese chico, José, se encuentra en la sala de en frente, casi no hablamos, tú sabes, a nadie le gusta tanto hablar conmigo, y es que soy tan nefasta con los extraños, no me agradan, dice Herschel que a veces es necesario que rompa mi burbuja, dice, "ah, mira Rup, tú también eres humano como ellos", ¿tú crees eso? Y sí, tal vez, cosas de la infancia. La gente no viene, te cuento, supongo las ocupaciones hostigantes, los centro comerciales, la feria, los televisores acosantes, no sé, tal vez por eso me siento de repente bien aquí, la soledad que acompaña al museo habla conmigo también. Es así, unos vienen y otros van, la mayoría pasan desapercibidos, unos cuantos observan, observan demasiado, hasta que no entienden, y se van. Y ahora recuerdo aquel primer poema, "...quien se sienta y observa mientras los demás corren...", ¿lo recuerdas? Tú, con vehemencia, nunca dejas de hacerlo.
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Andrea vendrá por mi en una hora más, iremos a que se haga una perforación en la nariz, me da pavor, sabes como soy tan maricona para esas cosas, me duele, todo siempre me duele, luego, supongo que naturalmente nos sentaremos en cualquier banqueta mientras yo fumo y bebo cerveza, y ella habla, habla, y habla un poco más, después, sólo estaré buscando el momento para comer y dormir. Samuel me ha invitado al teatro, pero no quise ir, también me ha pedido que toque para él, y parece que aún no entiende la relación entre aquel violín y yo, así que, también dije que no. Él es bueno, me ama, dice que me ama aunque sea violenta y neurótica. Por eso lo conservo, no hay tantos que me soporten así, tú sabes.
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Quisiera saber qué pasa contigo ahora, podría adivinar algunas cosas, aunque nada sería tan real como estar a la puerta de tu habitación roja, metiendo mis dedos por entre la brecha, que sé, siempre permites para mí. Te extraño sobremanera, tengo desordenada la moral, y es que a veces sólo quiero amarte con la voz, y explotarte en la boca... quiero correr pronto tus pasos de duende...
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Todo esto de mis ojos desorbitados y los muertos,
sé que te son madrugada al medio día
y ahora tengo tanto miedo,
no puedo evitar escuchar La Muette
sin pensar que estás saliendo por la
puerta de atrás, creyendo que lo
haces con sigilo mientras me rasguñas
la frente, y yo lo sé,
lo sé tan bien
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¿Y qué me dirás?
-sólo un minuto-
Un minuto no es tanto cuando estás,
y ese mismo minuto es tan abismal
cuando no estás
Hay veces, que no podemos creer
en los árboles ni en la astronomía
-aunque te haya enseñado yo hacerlo-
porque solo somos esto,
cuatro manos sin dedos que
pretenden sacar de los pianos los
conciertos de absoluciones y
reencarnaciones
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A veces, no tenemos nada,
sólo el fatalismo arraigado
e incluso,
un poco de agua, con la que
a veces ni siquiera lluvia
podemos hacer ya
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mi amor mío
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estoy aterrada, y quiero verte,
un día más, sin cerebros ni humanos,
sólo con vidas, muchas vidas
y poder ser todas las personas
a tu lado, y en frente, y arriba,
y atrás,
quiero estár de vuelta...
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24 abril, 2008

Un poco de todo


Ayer fui a ver a Enanitos Verdes, una noche bastante nostalgica, de pronto muy agradable, son de esas cosas que... como escuche de cierto escritor "...esas cosas felices que hace la gente triste..." no lo sè, esos viejos siguen siendo grandes. Estuvo muy tranquilo, había de todo un poco, desde gente con sus cuatro decadas ya, hasta niños que por supuesto no entendìan que hacìan ahì, en fin. "Luz de dìa" de esas canciones que prefiero no escuchar para no salir reventando en humedad y demás, pero bueno, aquì se vio medio cagada porque a los Enanos se les ocurrio subir a unas tipas ahì que... una, cantaban de la merr, y dos, creo que ni se sabìan la canciòn, pero bue... me consuelo con youtube jojo... acà sin voces extras, màs lindo todo por supuesto.








Cambiando de tema, sólo un poco. Encontre por ahi algo de Baudelaire amado, en una reseña del espectáculo de teatro aèreo que estàn presentando la obra "Decir adiós" en estos dìas de feria y bla bla... lo importante es Charles y dice algo asì...
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>> Creo que el amor se asemeja mucho a una tortura o a una operaciòn quirúrgica. Uno de los dos estará siempre más tranquilo o menos poseído que el otro. Este o aquella, es el manipulador, o el verdugo; el otro, es el sujeto, la víctima. Esos ojos revueltos de sonámbulo, esos miembros cuyos músculos saltan o se contraen como bajo la acción de una caída profunda; la embriaguez, el delirio...
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En este juego, es menester que uno de los jugadores, pierda el dominio de sí mismo. El amor se anuncia con una sensación de frescor en las extremidades, y con una gran debilidad; uno siente que tiene las manos en el trapo, la cabeza pesada y una estupefacción general en todo el ser. En medio de los ruidos más violentos... Y las alucionaciones comienzan. Te encuentras allí muy bien, salvo que te preocupa y te inqiueta una cosa: ¿Cómo haces para salir? <<
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Charles Baudelaire




En el museo...
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He estado aquí durante dos horas y no entiendo nada. He observado una y otra vez las mismas pinturas, y pienso en todo eso de tus pinceladas color ambar, en el oleo que desde el arco naciente entre nuestros brazos, yo he roto, a veces, muchas veces, y me pregunto si he sido la misma persona destructiva y débil durante esta breve vida. Tú no tienes la culpa de nada, y yo lo sé. Pero veo, y estudio, y entiendo también el cortar de tus dedos crueles que tapan tus ojos y desnudan mi verdad temporal, siempre, incauta y con propositos inocentes, y que famélicamente, como niños abandonados, hieren.
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No sé cómo podría rogarte alguna vez, quizá pondría mi cabeza contra el piso, humedecería, mordería tus pies... y tú correrías, correrías, darías los grandes pasos del duende, y me dejarías implantada al suelo.
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Y ya no quiero que me vean más así, conozco esa mirada, porque en todos esos ojos estás tú, como felíz, como grande, como infante, y me advierto de esta nada que nos llena de a poco, que acaricia nuestros efluvios, y nos ha dejado, sin sonido, sin lluvia, sin nada, ni siquiera el opio enterrado en nuestros zapatos.

06 abril, 2008

Entre estas paredes


Hoy ha sido de aquellos días en los que realmente he deseado que mis dientes no huyan trémulos de ante mi presencia, y he buscado de todas las maneras que mis pestañas no se descuelguen, desconsoladas y ahogadas perdiéndose en el pérfido viento de mi jardín polar… Que los niños pequeños y frágiles que no tengo no lloren buscando mis pies partidos, enterrados en la tierra de una ciudad hostil, las risas indigentes de quien no tiene ni siquiera los dedos para jugar los juegos flagelados de la soledad.

La radio comenta que en el mundo de allá afuera están a treinta y cinco grados centígrados, y dentro de estas paredes hace tanto frio, éste, mí frio gimiente. Y pienso en todas aquellas cosas que podría decirte en estos momentos (“estoy inventando mas tormentas para ti, ente el viento de mis brazos fraternos y mis lagrimas insaciables”, “tengo un nuevo amigo imaginario con zapatos rojos y gabardina azul que me habla de ti”, “Y podrías creer también que en mi cama están creciendo amapolas y mandrágoras que todo el tiempo me cantan canciones con tu voz”, “y que hay esporas que se desprenden de la música y que se han metido en ti, y que se han metido en mi, y que han gritado que tú tienes amor y que yo tengo amor… y que por eso somos seres tan tristes…”) Pero al final no importa cuanto te diría, porqué no estás, no estás porqué yo no estoy, porqué sabes que me estoy muriendo, porqué nadie quisiera llevar la muerte de nadie dentro de los hilos espinosos de su corazón indolente, porqué ni siquiera yo quiero verme funesta dentro de esta muerta lenta y soberbia. No lo quiero sin ti, porque si tal vez tú vinieras y me sacaras de este cuerpo vegetal y tomaras en tus dedos blancos mi alma y desde lejos entonces, desde esa cima tuya y mía podríamos ver el final de mi cuerpo delincuente. Pero no estás, no estás…

Y aún sigo tratando de fermentar mi tristeza artística y enviártela en botellas de juego de uva, y que muy, muy pronto sepas, todo la desdicha que hay aquí…
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