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28 febrero, 2009

Hey, that's no way to say goodbye.

L. Cohen

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He notado
que estas intentando dejarme.
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Dejarme
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Y he notado
que esquivo tus intentos
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Tú no. No puedes.
Sería borrarte de a poco
de esta, nuestra, sentencia
Y qué sería de ti
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y de mí
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sin nuestras ropas tejidas
a nuestras pieles...
a esta hora de la madrugada,
a la misma en que antes solíamos
hablarnos con locura y amor
te digo
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He notado
que ya no me escribes
con la mirada entre abierta
y los botones rojos entre los dedos
Alguien, que ha robado tu nombre,
te esta desanudando de mí
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Preguntame otra vez mis apellidos
extranjeros y sorprendete con mi
edad insolente
Pìdeme que te explique de nuevo
mi religión y mi nación
¿Piazzola? También yo...
Sí, sí, los hongos...
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Yo, de cierto
seguiré con mis placeres desordenados
Pero dime,
¿qué es de ti, después de mí?
....
...

16 febrero, 2009

¡Por vuestra osadía!

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- Abstracciones: quizá uno, dos, o tres días. Quizá. Siempre supuesto a no suceder. Porque hay que callar entonces, mientras se grita. O decir qué color será lo que es... -

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Ya...

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- A ver, besame?!

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28 enero, 2009

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Yo sé, probablemente nunca entiendas muy bien lo que te cuento ahora. Esta tarde es extensa, y muy gris, y casi tan larga como este camino que caminamos. Es fría, y en la piel se siente un placer como tartamudo, como por puntadas en todo el cuerpo, parece darse y no darse. Esta tarde tiene mucha música de fondo que la describe, y que duele un poco, a veces entonces también te amontono junto con todos los instrumentos. Me he mordido mucho los labios viendo a través de la rendija la sombra magna de los árboles a la luz del sol, que ya es luz de luna. ¿Te he hablado alguna vez de mi pasión por los árboles? Estoy segura de haberlo mencionado en cierta ocasión. Estoy segura de que me habrás visto ya entre tu mente abriendo la boca redonda ante un árbol. Eso soy. Tengo una multitud dentro mío, todos queriendo decirte algo. Comenzará alguien por hablarte de toda la melancolía que se escurre en este lugar, o visiones de un país lejano al que no he podido llegar, quién sabe por qué razones sempiternas que supongo nunca entenderé. Y hay invitaciones para ti, te dicen: Vayamos a vivir a Arabia, y seremos de un color carmín feliz. No imagino tus respuestas, más bien, veo exactamente tus silencios. Son de un estilo “piano” y te hieren con arte. No puedo hablarte ya más sobre mis vicios a esta hora, el alcohol o las hierbas, porque al fin y al cabo sé que conoces bien la mordedura de mi alma indómita, conoces y te haces infeliz, como si fuese yo, algo que duele. Y tengo la intención de hablarte sobre el nuevo libro que estoy leyendo y la magistral crueldad del narrador, que me hace recordarte a deshoras, pero recuerdo y termino por gritar hasta romperme la voz. Eso, yo pienso, te hará llorar entre sonrisas. Algo muy de ti, o de tus desordenes anímicos. Cómo contarte de la coherencia de mi vida, sin modificar las situaciones típicas de mi esquizofrenia, y no decir lo que hago para que no sientas que me pierdes de nuevo, y de nuevo otra vez. No. Porque me viene de bajada, la imagen oblicua de mi cuerpo en la estación y mi boca gesticulando un “adiós. Pero no me voy”, y tú huyendo a cualquier lugar que no te permita ver la despedida continua. O tal vez, una única intención tuya de hacerme ver lo poco que es importante para ti mi partida. Hay tanta maraña en mi cabeza esta tarde. Que podría comerme todo el mundo y no tener sabores. Que incluso podría llamarte y sólo poder decir, la única palabra que entiendo desde el día que te conocí. Pero y qué más dan las letras, si yo sé que es tan probable que no hayas entendido nada de lo que te he contado ahora…
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17 enero, 2009

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Somos chistosas las personas, digo. Mas o menos a esta hora siempre digo eso, será porque llego con más alcohol que sangre en las venas. Llego, y normalmente siempre caigo en el quinto escalón de la escalera de madera, me quito los zapatos e intento llegar hasta la habitación, y paso antes al baño a soltar el estómago. Me tiro a la cama. Y curiosamente. Ahora mismo, lo he notado, lo estoy notando. Te busco. Irremediablemente. Como sin voluntad propia. Y estas, de alguna manera, siempre. Doliendo desde los extremos de mi abstinencia. Digo: no, no puede ser. Ya no. No más. Tengo tantos hombres y tantas mujeres alrededor. Con mi soberbia andante digo: no, no puede ser. Y entonces parezco chistosa, cuando dirijo los pasos, sin previo aviso, a este lado de tu vida. Y regularmente vengo a mostrarte lo estúpida que puedo ser, y vamos, que feliz que todos lo noten. Pienso que si quizá viviéramos en la misma ciudad, te armaría grandes dramas en medio de la plaza principal, o en el restaurante más famoso. Te gritaría lo imposiblemente hermoso que puede ser el planear mi vida a tu lado. Y el asco que me dan las imposibilidades en mi vida. Y tú, con tu mente que siempre ha sido más sensata que la mía, yo pienso, me acariciarías el cabello, y dirías: vamos, vamos a casa. O algo así que evitara estar en la estación de policía a las tres de la mañana, otra vez. ¿Delito? ¡El puto amor señor policía! ¡El puto amor! Cuando pienso entonces en "esto" que tenemos, pienso en el prólogo sobre ese poeta, cuando dice "no sé de amores pequeños, ni los quiero". Te cuento, pienso en esto y digo, ojalá supiésemos de amores pequeños, tal vez seríamos más felices. Si te amara quizá a las once de la mañana. Y tal vez un poco por la tarde, obsequiandote un chocolate y nada más. ¿Qué seríamos? Yo no sabría cómo... el masoquismo constante que provocamos. No nos deja. Esta imperfección tan perfecta de nosotros, me agobia. Hoy mismo, saliendo del teatro, un niño con un suéter verde algo roído, me ha alcanzado corriendo para preguntarme ¿Eres músico?
Cómo haces tú para estar hasta en la acera de la avenida principal de mi ciudad...
"No soy"
¿Y que traes a la espalda?
"Un violín"
¿Por qué?
"Porque soy feliz trayendo un violín a la espalda"
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Sonrió y se fue.
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Cómo haces.
Leo "love" en tus poemas. Y me pienso absurdamente en la posición principal, y digo: sí, love, tú, love, yo, love. Que sucia puedo ser, cuando quiero ser, y que nadie más sea. Que roja me puedes sentir entonces. Que inocente siempre. Pintarme los labios de rojo, darte un beso. El beso. Con la música de Tiersen de fondo. Soy tan pequeña a esta hora... tan desnuda. Con el opio siento el año de mis quince años de edad, cuando era "el beso". Y no, "la jodida vida", de este segundo. Te escribo ahora: te necesito dejar, antes de acabar sin piel.
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14 enero, 2009

Mira también lo que puedo ser

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Quiero que calles
Que en este mismo segundo
guardes silencio
Que no pidas perdón
ni cierres los ojos
Que te mantengas
como si estuvieras muerto
Pero no te mueras aún
Quiero que me mires
por debajo de los ojos
y bendigas y maldigas
el momento en que me
conociste, y en que dejaste
de ser tú, para ser yo
y dolerte
Quiero que me muerdas los
labios hasta destrozarlos,
quiero que me duela
al menos eso
Que te sientes a la mesa
y comas el almuerzo que
he preparado, y sepas lo
que estoy tratando
de meter dentro tuyo
Y reunir todas tus palabras
pronunciadas
y arrojarlas en tu pecho,
como un incendio lleno de
dientes y uñas
Quiero que me bajes
de tu cuello y me pidas
que me vaya,
antes de que te mate.
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12 enero, 2009

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Es inútil la aferración a lo terrenal

la decepción nunca se va.

Es por eso, que naturalmente se

vuelve más sencillo, pasional, e

incluso eterno, amar tal vez

una a una las teclas de un

piano, llorar con el aroma

de la madera sensualmente

modelada del violín,

sucumbír en los sonidos

sudar bajo la ciencia... amar

lo que permanece y ciertamente,

no huye de nada y de nadie.

No encuentro la explicación

de estar sentados frente a frente

con el café caliente debajo de

las barbillas, intentando separar

metales

¿Cómo se separan los metales?

Cruzas miradas "como por

equivocación", bebes de vez

en vez, emites sonidos de

desesperación (que realmente

no se derivan precisamente de

los metales)

juegas a la concentración.

Lloras un poco por adentro.

Y entonces de emergencia

sacas a Neruda,

página doscientos uno

..."Antes de mí, no tengo celos"...

comienzas a leer

Y piensas que eres lo

suficientemente soberbia para

alcanzar a leer todo el poema,

y al termino,

él aún no haya sabido cómo

separar los metales.

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20 diciembre, 2008

De vuelta con el melodrama

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Con frecuencia me imagino que no existo. Intentó hacer los segundos más diminutos. La vida más frágil. La puntuación más necesaria con el silencio que finaliza lo que no empieza. El desasosiego continuo no se inmuta tras el aliento, eso duele, con todo y religión. Me pienso entonces en la condición de quién nada es. Quizá porque soy un tanto cobarde, y todo me lastima. Soy infeliz a esta misma hora, me vuelvo mal agradecida. Hasta olvido cómo se come el opio. Y el chico hippie que me acaricia las piernas me dice “eres judía no? Por qué tienes esa pequeña vida roja?” Y yo le respondo: No, no, como dice el guión de esa cinta israelí “mi vida es una película árabe”. Y bebemos más y lloramos más, sin saber realmente lo que hablamos. Es porque nadie nos sabe muy bien, ni siquiera ambos entendemos la razón de estar en el mismo sofá. Le explico mis necesidades de ir al norte, para besarle solo los ojos a una persona. Él me argumenta sobre sus ideales de libertad y justicia. Al final nos reímos de nuestra inocencia. Me pongo las botas y me voy. Salgo a la calle buscando la misma sensación de la no-existencia. Pero a esas horas, lo único que queda es subyugarse a las habitaciones, mientras alguien oprime tu largo cuerpo. Y exístes un poco menos, alguien mas se lleva tu demencia entre las piernas.
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29 noviembre, 2008

No sé ni que putas intente decir...

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La separación sempiterna de los seres, culmina en el instante oblicuo de la aferración de la piel. Es decir, una necesidad sanguínea. A ciertas horas, duele. Es beberte los siete punto cinco litros de deseo engullido, o la saciedad de la nada. Alzarte sobre la boca de una persona. Vaciarte dentro de sus venas. Y que tu cuerpo posea la similitud con la eternidad. Recoger el aire que se mece entre los dedos. Y untarlo en tu pecho. Caminar saltando por sobre las pestañas, los dogmas de los días en que el amor no corta. Usar la palabra amor sin saber qué es. O saber qué es, pero no estar de acuerdo. O estar de acuerdo, pensando en todo lo efímero que significa. Olvidarlo. Volver con los pies chorreantes hacia la cama. Entregar la torcida pelvis. Junto con un artículo político que quite las ganas. Reírte mucho. Vestir los huesos. Dejar que el agua arrope el rostro. Nacer desde la habitación con la heroína haciéndote favores terrenales. Para luego salir por las calles con destino cruel. Y dulce. Llegar y derramarte. Porque necesitas siempre, estar dentro.
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23 noviembre, 2008

Pasa que...

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Escucho una canción francesa que me recuerda mucho, lo que solemos ser, con las manos juntas. Y los ojos cerrados. Y las piernas desnudas. Mi casa es muy burgués estos días, y entonces yo te extraño. Me tiro en el sofá más sucio y alejado, veo a todos pasar, apurados, por algo de la vida que yo aún no entiendo muy bien. Me pasan las horas ahí. Imagino. Eso que es lo único que hacemos un poco bien. Le ciel dans une chambre dice la canción. Y veo las calles angostas, con todas las piedras y los colores con los faros altos amarillos. Mis zapatos rojos dentro de los charcos. Tú ahí, observando nuestra demencia. Hay que ir a trabajar mañana guevonsita, a dormir. Me dice el chico del cabello rojo, sin mucho tacto. Yo aprieto el rostro hacia la tela. Me pregunto cómo me dirías tú ese “hay que ir a trabajar mañana guevonsita, a dormir”. Me pregunto si contigo tendría que ir a trabajar al otro día, o seríamos esos errantes jugando en cualquier callejón, a que no hay vida, o que somos todo, y todos son nada. O si simplemente pasaríamos los días en la habitación roja, muriéndonos dentro de una cinematografía avasallante, o con la música haciéndonos heridas por todo el cuerpo, jugando con nuestros orgasmos. Me pregunto si tendría que seguir siendo un protocolo humano. Si tendría que pintarme las pestañas, comer lasagna al medio día, hablar con los hombres muy bonitos y muy pendejos, sonreírles, y alejarme al sonido de los tacones que gritan un espero no verlos nunca mas. Imagino que podría levantarte a las tres de la madrugada, para que me escucharas y me dijeras si por fin me sale esa de Brahms, o si estoy desafinando otra vez por culpa de la esquizofrenia, que a veces me hace tenerle tanto miedo al violín marrón. Y ya me levanto del sofá, voy a la nevera por una cerveza, me la tomo de la cocina a la habitación. Y me pregunto quién te estará pidiendo a ti que vayas a dormir...
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17 noviembre, 2008

Sólo de re ojo...

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Tengo más bien un saxofón, en lugar de lengua.
Un metal dorado frío que te recorre. Te eriza.
Te forma todos los sonidos dentro de la piel
y se prolonga a todos los hilos rojos, y a los
que llegan a lo muy húmedo.
Me preguntas
¿quién?
Yo te digo que a esta hora, no sé.
Y otra vez con mi lengua de saxofón te
invierto todo lo tibio de tus oídos,
me doy la vuelta sobre mis talones
y me muevo, desde atrás, te bailo.
Y hacemos sinfonías hacia la garganta.
Hay dedos polares por todas partes.
Alrededor del ombligo.
Recuerdo entonces los febriles
y adolescentes pensamientos de mí
amigo, el más intimo.
Y dos punto cinco litros de pulque
dentro, lo sé todo.
Hago otra vez algo que hace mucho
ruido desde la boca.
Leo todas las cartas. Las cierro con
saliva. Son muy mías.
Y no sé por qué no me concentro
en el metal papilar. Alguien me enseño
un domingo a escribir
sin saber
si estas escribiendo, vomitando,
o desnudándote.
Muy denigrante. Incoherente.
Sensual, a ciertas horas.
Y a cualquiera esto le causa un signo de
interrogación entre las cejas.
Prefieren, entonces, comer cereal
de dinosaurios a las doce del día,
ir al retrete, leer una revista de Nintendo.
Y estoy dejando de hablar de ti, de mi lengua
y la música
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Lo estoy logrando…
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08 noviembre, 2008

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Tengo la vivencia tuya, muy asentada aquí, en mi estómago o algo así, que no me deja respirar. No escribo. Muchos días y no escribo. Tengo un miedo, liquido carmín, de encontrarte resbalando entre las líneas. Camino por las tardes viendo a toda la gente, veo una palabra que escribir por cada uno de ellos. Las calles tienen grandes libros. El cielo puede ser el pergamino más extenso. Hay flaqueza en mis manos. Mucha cosa normal de todos los días. Una simpleza que me acaba. Estoy siendo muy humano, tan terriblemente humano. Que no escribo. Que hago esas cosas como tomar la siesta, o comer emparedados de chocolate, salir a los bares, saludar. Protocolo. Volverme persona. Ser. Ser porque no te soy. Porque te busco a la deshora que prometes, a la punzada tibia de mi pierna. Y no puedo serte. Las delgadas líneas verdes entre nuestras caderas, o algo que no se estira con mucha facilidad, o más bien se estira demás. Como esta hambre. En forma de abecedario, todo duele más. Aunque vengo, y parezco más cruel y tonta que siempre. Persona. Caigo muchas veces en la cama sucia. Con los saxofones y todo eso que nos mimetiza. Me reencarnan las horas y sigo aquí. Muy preocupada por el revés del mundo. Me duele la cabeza como a todos, soy todos. Y los pulmones funcionan menos con el paso del humo y de los días. Sigo sedada por esto que me crucifica día tras día. Y cómo le llamaré. ¿Cómo le llamaremos? Deberíamos encontrarle nombre a esto. Sería necesario en las autopsias. Quizá y dejamos algún documento con esto. Aunque no podamos comprobar nada. Porque no somos. Y estamos. Estamos y no somos. O somos y no estamos. O “Yo soy tú y tú eres yo”. Porque ya las drogas no funcionan, ni la flagelación, ni los nuevos árboles o un vestido más rojo. Inútilmente sigo intentando vivir lo que nadie vive, ni nadie quiere. Muy absurda yo, así, como el día en que me conociste. Escucho punk y pretendo la siguiente la vida, la vida paralela. La bipolaridad que nos conmueve y no nos deja. Ahora tengo cine. Supongo que esta noche será muy mía, muy de ti.
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09 octubre, 2008

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Te extraño desde muy abajo.
Casi como si fueras tú el principio,
casi como si tú me hubieras engendrado.
Casi como desde el final. Es algo que
empieza mucho desde la lengua, y te
desangra todos los dedos. Yo no entiendo
esto del tiempo, ni de tus pactos con la
vida sin vida. Todo esto me desdibuja
tanto la cabeza. Me hace nidos de cuervos.
Un lento entierro necesario. La incesante
adicción de hacer daño desde dónde más
sientes, y quizá y se pueda para siempre.
Porque el dolor siempre está, dice. Yo me
arranco entonces la boca. Y por lo regular
luego no la tengo. Y sólo así desdoblo los
ojos para no irme tan adentro, para no
desaparecer-te.
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07 septiembre, 2008

Manifiesto sin ojos

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Yo quiero ser más grande que esta ciudad. Tomar con los dedos sus sustancias, llevármelas a la boca. Todo Nueva York dentro mío. Que todo lo que hay lo reproduzco en la piel, en los ojos, en la boca, desborda entre mis piernas. Todo lo que se vive, y lo que se muere siempre, un poco más. Porque ahora me vuelvo inmensa, y me cabe esta ciudad dentro, y este continente, y todo este mundo. Nadie puede con la extensión de mi pecho y de mi lengua taciturna. Convoco a las ciudades del sur, a mi tierra en el oriente, a mi tierra que es dueña de este, y de todos los demás mundos, que me crece, que me siembra y me vuelvo lo verde y lo rojo y somos una, aquí, abajo, en el exilio, y muy adentro. Y lo digo ahora, que todas estas luces se apaguen, que huyan, que se aniden en el vestíbulo de dónde han salido, y el foco que vuelva, y que no venga, que nos deje con estas manos de cera y nuestras quemaduras que alumbran más que cualquier cable tan pequeño. Porque todos, con las luces apagadas nos conocemos mejor. Y los autos crueles, que sepan que tengo todo el aire ahíto de mi, encima, derrumbando todo, y en cualquier momento se me va, y si lo tengo no lo respiro, pero no se los doy a sus nubes negras. Algo cubre este puente y me desdeña, me infringe. Cómo podríamos sacar a todos de aquí. Cómo decirles, "corran, no se queden aquí" sin que nuevamente nos envíen al manicomio.
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Poseo la música, y esta mañana me he dicho, nadie es mejor piano que yo, y seguramente mañana nadie podría lograr ser el violín que me significo. Y que toquen entonces a mi puerta y con los lacrimales rotos y pidan la música, y sólo uno por uno, que la gente de esta tierra no tiene oídos azules. Busco que se me escurra el ascetismo por los ojos, busco una razón dentro de toda la bahía que me haga sonreír ante este mundo. Y encuentro abedules, y aves, y el agua... encuentro puntos por los cuales llorar de alegría, pero no sonrío, pues todos están ahí, muy cerca, destruyéndolo. Y si soy una más. Me levanto en el centro del mundo, y me veo, bajo la tierra, dentro de la nicotina y con un arma en la mano. Y de repente todos me matan, pero yo no sé usar un arma.
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Corrí a casa, y de repente dijiste "buenas noches..." y sonreí aún con la boca roja.
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04 agosto, 2008

De hierbas y algo más

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Tener el cuerpo lleno de hierba y alcohol no es precisamente lo mejor, al menos no lo más "sano". Pero a mi siempre me ha resultado compasivo todo ese juego sustancial dentro de las venas y demás. Algo en el cerebro que no te deja decir nada humano y te convierte en alguien, en algo como el aire, y como cualquier flor amarilla, o a veces hasta crees que eres una grande ola. Todo es muy "casual". Que si el peyote y el opio podían hacer ver al dios de la lluvia y al del sol, que un cariñoso porro no me deje ver a mi "el amor sin el amor". Sí, lo he descubierto esta última vez. Es algo así como tener todo un zoológico en la boca, salvaje el horizonte, queriendo escapar, queriendo salir y andar. Son palabras ciertamente. Pero no entienden de gramática y más. Y se quedan ahí anidadas en el paladar, y quieres, y piensas, tú piensas y sabes que estás diciendo desde abajo un "te amo" taciturno, pero no lo estás diciendo. Y también crees que tus brazos están extendidos, están tocando, están abrazando, sientes dermis, alguna dermis. Pero solo estas contraída al estomago, con las manos en la espalda. Es mucho así, mucho "el amor sin el amor". Una respiración burbujeante, hirviente. Un aliento que necesita ser golpeado. Entonces "piensas". Dices que piensas que es mejor taparte hasta la cabeza con la sabana, oscurecerte, y que tu boca se mueva, bese a alguien, bese a eso que esta y no esta, y que corta la mandíbula en pedazos pequeños incandescentes. Y quizá entran millones de partículas en la boca. Y comen los restos, los restos de tus sustancias. Entonces hay una gran fiesta de "el amor sin el amor" dentro tuyo, completo. Porque ultimamente entiendes que no existe mucho, que no existe nada. ¿Quién es el amor y cuando vino y cuando se fue? Qué putas que nadie lo vio! Pero paso congelando las lenguas de todo el mundo. No sé. Pero Julieta me dijo, "cuando alguien te diga "te amo" asegurate que tu cuerpo este vacío antes de responder, porque sino seguro dejas a "el amor sin el amor". Pero seguramente ya era muy tarde, como siempre, llego tarde. Aunque aún persistía esa voz náuseabunda comparandome a las sonatas de Corelli.

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01 agosto, 2008

Uno de los días en los que no me suicide (L. Cohen)

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A esta hora de mi edad, nadie mortal me creería que estoy mortiferamente exhausta de todo. La vida. Quién puede decírme ahora qué es una vida, una vida felíz. De qué se trata, quién gana, quién pierde, por qué. Yo ahora, si me preguntan, si me preguntan que necesito para ser felíz, no tendría respuesta... Porque aun nadie me explica las reglas, por qué, por qué nadie me ha dicho aun que la vida es una condición, que no hay totalidades, que nada es suficiente. Por qué uno, a esta hora, en esta precisa vida de esta hora, lo tengo que descubrir así, aquí. Entre la soledad y el silencio deambulando por toda la habitación, me han encerrado, tú no sabes, pues estas ahora tan lejos, pero desde este lugar aun siento que lo único que puedo encontrar es a ti. Que puedes venir y abrir esta puerta, esta grande puerta que flagela, que castiga, que mata y no se por qué. He pasado la tarde leyendo a poetas que se han suicidado. Y me pregunto, tú sabes que me preguntó siempre lo que no tiene respuesta. Menos mal que no soy poeta, ni si quiera sé cómo serlo. Porque seguro, ahora estuviera dentro del agua, yo quiero morir con agua. Y vuelvo a pensar si sería suficiente con que vieneras y abrieras la puerta. ¿Sería suficiente? Ahora mismo quisiera a alguien que me abrazara, que lo supiera todo de mi y aun asi me abrazara. Alguien que le reventara la sinceridad en los ojos cuando me dijera "la vida es buena". ¿Habrá alguien? ¿Habrá alguien capaz? Me estoy dejando, estoy dejando a la vida, quieren que te deje.
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24 julio, 2008

Ron

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Abres la puerta y nadie espera. Caminas como por las lineas de tus venas. Tratas de subir las escaleras, un, dos, tres, cuatro, no te acuerdas de más. Robas el bote de basura y lo colocas a un costado de la cama, papel de baño al lado, agua embotellada, el celular y los telefonos de emergencias, el aparato de música. Una lata de hongos para después que hayas usado el bote, seguro tendras el estomago vacio. Una almohada para el cuello, lo suficientemente alta para que no caigas desde arriba. O tus ojos rueden por toda la habitación. Te acomodas, miras las paredes, las fotos de la gente que siempre dice que te ama, los cuadros, el armario con todos los demonios dentro. Tu perro viene, intenta una caricia, pero sabes que si tan solo volteas a verlo todo se caera otra vez. Desilusionado se acuesta a tus pies. Tú apenas si sientes el peso sobre tus dedos. La ropa te molesta, intentas quitartela ordenadamente, pero lo único que consigues es desgarrartela. Subes el volumen a Prokofiev o quien sea que suene como él. Miras fijamente el cuadro de Dalí, ahora sí lo quieres descubrir. Pero te interrumpe algo que desde el estómago llena el bote de basura. Y estas tan frio. Intentas abrir la lata, no puedes, no sabes cómo, la avientas fuertemente hacia la pared, estalla, hay hongos por toda tu habitación, tu perro se apresura hacia ellos. Y tratas de salir de la cama, pasas sobre todo un poco, gateas, te ensucias, quieres el hongo debajo de la pequeña mesa, te desesperas y comienzas a llorar, y te encojes, juntas todas tus extremidades, sostienes tus rodillas con tus manos, quieres caber ahi, quieres llegar, te haces muy pequeño, tan pequeño. Alguien se ha llevado tu hongo. Y quieres volver a nacer.
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27 marzo, 2008

Haciendo cuentas...


Soberbia, intolerante, inconciente, desordenada, necia, impaciente, celosa, descuidada, pedante, incoherente, impulsiva, inconstante, orgullosa, etc... -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Hoy descubrí que son demasiados defectos en una sola persona... ---------------------------------------------------------------------------------------------- ---------- -----------Seguro necesitare un perro para la vejez ----------------------

19 marzo, 2008

Paralelismo



Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas"

Pablo Neruda


No sé, cómo siempre, quizá tengo mucho que decir, pero al fin y al cabo lo más probable es que sea una "nada". Sin embargo, a deshoras, y con la conciencia rota de estos dias, quise mostrar la imagen y las palabras que en los ultimos tiempos me han rondado lo que yo llamo "mi mente".


Hoy aqui, y en el universo hay luna nueva.
También me pregunto que hay del otro lado de ella, y adentro. Sin ciencia.

Muy a menudo pienso en el segundo de encontrarme e inevitablemente, encontrarle.
Y es que nada puede ser tan bueno o malo. O tal vez si. Pero yo encuentro la eternidad de lo efimero, junto con el paralelismo de todo... es una relatividad constante, de todo y nada.

Lo cierto es que, lo unico nuevo siempre es la hora.