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28 febrero, 2009

Hey, that's no way to say goodbye.

L. Cohen

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He notado
que estas intentando dejarme.
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Dejarme
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Y he notado
que esquivo tus intentos
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Tú no. No puedes.
Sería borrarte de a poco
de esta, nuestra, sentencia
Y qué sería de ti
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y de mí
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sin nuestras ropas tejidas
a nuestras pieles...
a esta hora de la madrugada,
a la misma en que antes solíamos
hablarnos con locura y amor
te digo
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He notado
que ya no me escribes
con la mirada entre abierta
y los botones rojos entre los dedos
Alguien, que ha robado tu nombre,
te esta desanudando de mí
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Preguntame otra vez mis apellidos
extranjeros y sorprendete con mi
edad insolente
Pìdeme que te explique de nuevo
mi religión y mi nación
¿Piazzola? También yo...
Sí, sí, los hongos...
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Yo, de cierto
seguiré con mis placeres desordenados
Pero dime,
¿qué es de ti, después de mí?
....
...

21 febrero, 2009

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Me has visto venir con las zapatillas grises y con mi cámara fotográfica vieja, y sé que has querido echarte a llorar. Es muy inútil esta rutina de escribirte, de que me leas, de que me escribas, de que te lea, de que hagamos tragedia, y luego escuchemos una canción que nos desgaje mucho los ojos. Es tan cansado que en la madrugada se hayan establecido ya las horas para extrañarte. Mira, vamos, lleguemos a acuerdos, nosotros, dos personas sin sentido. Estoy viviendo la vida exacta que tú no quieres. Es decir, te estoy diciendo: que mañana tal vez ya no voy a estar. Y te esta doliendo, lo noto porque sonríes y te muerdes los labios y dices: “esta bien”. No, no cariño, no esta bien. No esta bien, de hecho esta muy mal. Porque no vamos a poder vivir toda esta vida comiendo opio y bebiendo vodka a las tres de la tarde. Y olvidando todo, y volviendo otra vez, de a poco, atragantándonos la vida. O sí. O pienso mas bien en componerte una canción para violín, la que has pedido, e irme. Comienzo a ver el mundo desde los puntos donde se vuelve curvo, y no sabes que vendrá a cada nueva esquina. Si vendrá lo nuevo, o cíclicamente vendrá. Vendrás tú. Es la caída constante. De la que emerges. Y ahora mismo pienso en que no puedo dejarte, sin dejarme. Que tendría que formarme el nuevo rostro, antes de tus gestos, que ahora son mis mismas cejas, y sacar la nueva retórica, y cocer la boca sin tu sonrisa. No consumir más hongos, dejar los conciertos de rock, olvidarme de la mímica, cerrar los cines de mi ciudad, no hablar con más niños en la calle. Incluso, dejar mi carrera dolorosa y perdida de músico. Ser alguien simple que vive, y duerme, y come, y trabaja diariamente y no hace sufrir como profesión orgullosa de un alma. Pienso en olvidarte. Algún día. Pienso hacerlo incluso un día antes de irme. Y dar tal vez un: adiós, hace unas cuantas horas que te olvide. O algo muy así de la gente que dice mucho que ama y que olvida pronto. ¿Quién? No sé. Comienzo a herirme, te estoy hiriendo. Estoy siendo idealmente estupida y transparente, me desnudo continuamente ante ti. Soy desvergonzada el primer calificativo que me diste al conocerme. Y lo he preguntado a mamá, y ha dicho: sí, lo eres. Ya, ya, lleguemos a acuerdos. Tomemos nuestro café acostumbrado de las seis de la tarde. Pidamos crema irlandesa extra. Escuchemos punk y luego un poco de bossa. Hablemos de política y religión. Mira hacia al piso, y yo levanto la ceja. Tose de vez en vez. Tanto humo en nuestros pulmones. Hablemos correctamente. Leamos el capítulo siete de Rayuela. Finjamos que hasta ahora a ninguno le ha pasado por la cabeza hacer el amor. Y caminemos de regreso a casa. Que llueva. No te concibo sin lluvia. Me estoy hincando otra vez a tus segundos rojos. Estoy vistiéndome de abstinencia y durmiendo en tu tibia cama de cielo. Creo, me estoy abandonando a tu barbilla que me impide dar pasos largos. Corta. Cortemos la cuerda que amarra nuestras caderas. No digas más aquello de que embonan perfectamente. Lleguemos a acuerdos. Deja que me vaya, no me mires, no me toques, no pases a mi lado, no respires cerca de mí, no dejes que escuche tu voz, cierra la puerta, no la abras más, deja que me vaya. Rómpeme. Échame fuera. No me conozcas más. Borra el cinismo y la insolencia que te conquistan. Estoy siendo imposible en este mismo momento. Me veo desde aquí, desde tu sofá, y me veo en el acto más ridículo y necesario. Quiero salir amor. Quiero salir. Me estas matando…
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16 febrero, 2009

¡Por vuestra osadía!

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- Abstracciones: quizá uno, dos, o tres días. Quizá. Siempre supuesto a no suceder. Porque hay que callar entonces, mientras se grita. O decir qué color será lo que es... -

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Ya...

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- A ver, besame?!

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09 febrero, 2009

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-No bueno, no te voy a mentir-.
Decirte que este lugar con demasiada vida me llena sin
siquiera recordar tu rostro. No, yo no te voy a mentir.
Decir muchas cosas que a las tres con quince me hacen feliz,
doliéndome desde dentro la insistencia famélica.
Ser incoherente entonces al decir,
“sí, sí, hoy mismo soy más puta, alcohólica y perdida,
al día que te conocí”. Pero no pienso en mentirte.
Más bien aseguro mis labios, justo en el lugar que
ocupan en mi rostro, es necesario amarrarlos con
cuerdas que no provengan de tus cabellos.
Y esta mañana pensaba en escribirte algo más alegre,
tal vez “aquí, todo el tiempo huele a cerezas y a lluvia…”
o “siempre tropiezo con tus pies en las esquinas verdes y
diminutas de este lugar…” Escribirte algo,
que dejara ver mi estupida manera de venerar tu ausencia,
de estar tendida en suelo haciendo el teatro continuo,
con los mismos ojos que ya sabes de memoria, demostrar la
debilidad de mi piel a tus minutos fugaces. Y no lo quise así.
Decidí plantarme en este mismo café (de las seis de la tarde)
cruzar la pierna sobre la otra con botas azules, pintarme los labios,
mientras sentía los flujos extranjeros y sonrisas dadivosas,
sentarme en la mesa de madera en la esquina, sacar la hoja descuidada,
un bolígrafo, cualquier bolígrafo, escribirte:
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No te mentiré: Te extraño, pero no te necesito.

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28 enero, 2009

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Yo sé, probablemente nunca entiendas muy bien lo que te cuento ahora. Esta tarde es extensa, y muy gris, y casi tan larga como este camino que caminamos. Es fría, y en la piel se siente un placer como tartamudo, como por puntadas en todo el cuerpo, parece darse y no darse. Esta tarde tiene mucha música de fondo que la describe, y que duele un poco, a veces entonces también te amontono junto con todos los instrumentos. Me he mordido mucho los labios viendo a través de la rendija la sombra magna de los árboles a la luz del sol, que ya es luz de luna. ¿Te he hablado alguna vez de mi pasión por los árboles? Estoy segura de haberlo mencionado en cierta ocasión. Estoy segura de que me habrás visto ya entre tu mente abriendo la boca redonda ante un árbol. Eso soy. Tengo una multitud dentro mío, todos queriendo decirte algo. Comenzará alguien por hablarte de toda la melancolía que se escurre en este lugar, o visiones de un país lejano al que no he podido llegar, quién sabe por qué razones sempiternas que supongo nunca entenderé. Y hay invitaciones para ti, te dicen: Vayamos a vivir a Arabia, y seremos de un color carmín feliz. No imagino tus respuestas, más bien, veo exactamente tus silencios. Son de un estilo “piano” y te hieren con arte. No puedo hablarte ya más sobre mis vicios a esta hora, el alcohol o las hierbas, porque al fin y al cabo sé que conoces bien la mordedura de mi alma indómita, conoces y te haces infeliz, como si fuese yo, algo que duele. Y tengo la intención de hablarte sobre el nuevo libro que estoy leyendo y la magistral crueldad del narrador, que me hace recordarte a deshoras, pero recuerdo y termino por gritar hasta romperme la voz. Eso, yo pienso, te hará llorar entre sonrisas. Algo muy de ti, o de tus desordenes anímicos. Cómo contarte de la coherencia de mi vida, sin modificar las situaciones típicas de mi esquizofrenia, y no decir lo que hago para que no sientas que me pierdes de nuevo, y de nuevo otra vez. No. Porque me viene de bajada, la imagen oblicua de mi cuerpo en la estación y mi boca gesticulando un “adiós. Pero no me voy”, y tú huyendo a cualquier lugar que no te permita ver la despedida continua. O tal vez, una única intención tuya de hacerme ver lo poco que es importante para ti mi partida. Hay tanta maraña en mi cabeza esta tarde. Que podría comerme todo el mundo y no tener sabores. Que incluso podría llamarte y sólo poder decir, la única palabra que entiendo desde el día que te conocí. Pero y qué más dan las letras, si yo sé que es tan probable que no hayas entendido nada de lo que te he contado ahora…
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25 enero, 2009

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Lee bien lo que te escribo ahora:
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Tengo hombres, muchos hombres
tengo mujeres, muchas mujeres.
Y no sólo eso.
Tengo hombres y mujeres que
me escriben poesía diariamente.
Tengo algunos hombres y algunas mujeres
que tiemblan si me acerco.
Y otros que me esperan con lágrimas.
Tengo hombres que quieren enseñarme
la vida y el mundo. Mujeres que
insisten en descubrir lo mismo juntas.
Tengo promesas para regalar.

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Y te tengo a ti.
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Te tengo, en un sólo parpadear.
Y en un lugar que no poseo
Y a una hora que desconozco
Y a oscuras, y a solas, y desnudos.

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Y no sé por qué.
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Pero te cuento,
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que hay tantos hombres

y tantas mujeres
que tú quizá no te das cuenta
lo que eres para mi,

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y piensas
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que eres también muchos hombres
y muchas mujeres
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y no eres
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Lee bien lo que te escribo ahora:
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Tú no eres muchos hombres
y muchas mujeres

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tú, tú tienes nombre para mí.

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14 enero, 2009

Mira también lo que puedo ser

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Quiero que calles
Que en este mismo segundo
guardes silencio
Que no pidas perdón
ni cierres los ojos
Que te mantengas
como si estuvieras muerto
Pero no te mueras aún
Quiero que me mires
por debajo de los ojos
y bendigas y maldigas
el momento en que me
conociste, y en que dejaste
de ser tú, para ser yo
y dolerte
Quiero que me muerdas los
labios hasta destrozarlos,
quiero que me duela
al menos eso
Que te sientes a la mesa
y comas el almuerzo que
he preparado, y sepas lo
que estoy tratando
de meter dentro tuyo
Y reunir todas tus palabras
pronunciadas
y arrojarlas en tu pecho,
como un incendio lleno de
dientes y uñas
Quiero que me bajes
de tu cuello y me pidas
que me vaya,
antes de que te mate.
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12 enero, 2009

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Es inútil la aferración a lo terrenal

la decepción nunca se va.

Es por eso, que naturalmente se

vuelve más sencillo, pasional, e

incluso eterno, amar tal vez

una a una las teclas de un

piano, llorar con el aroma

de la madera sensualmente

modelada del violín,

sucumbír en los sonidos

sudar bajo la ciencia... amar

lo que permanece y ciertamente,

no huye de nada y de nadie.

No encuentro la explicación

de estar sentados frente a frente

con el café caliente debajo de

las barbillas, intentando separar

metales

¿Cómo se separan los metales?

Cruzas miradas "como por

equivocación", bebes de vez

en vez, emites sonidos de

desesperación (que realmente

no se derivan precisamente de

los metales)

juegas a la concentración.

Lloras un poco por adentro.

Y entonces de emergencia

sacas a Neruda,

página doscientos uno

..."Antes de mí, no tengo celos"...

comienzas a leer

Y piensas que eres lo

suficientemente soberbia para

alcanzar a leer todo el poema,

y al termino,

él aún no haya sabido cómo

separar los metales.

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19 noviembre, 2008

Vodka: despecho

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De lo poco de vida que me resta,

diera con gusto los mejores años,

por saber lo que a otros

de mí has hablado.

Y esta vida mortal y, de la eterna

lo que me toque, si me toca algo,

por saber lo que a solas

de mí has pensado...

G.A. Bécquer.

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P.D. - Pero no creas, yo no soy como Bécquer.

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17 noviembre, 2008

Sólo de re ojo...

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Tengo más bien un saxofón, en lugar de lengua.
Un metal dorado frío que te recorre. Te eriza.
Te forma todos los sonidos dentro de la piel
y se prolonga a todos los hilos rojos, y a los
que llegan a lo muy húmedo.
Me preguntas
¿quién?
Yo te digo que a esta hora, no sé.
Y otra vez con mi lengua de saxofón te
invierto todo lo tibio de tus oídos,
me doy la vuelta sobre mis talones
y me muevo, desde atrás, te bailo.
Y hacemos sinfonías hacia la garganta.
Hay dedos polares por todas partes.
Alrededor del ombligo.
Recuerdo entonces los febriles
y adolescentes pensamientos de mí
amigo, el más intimo.
Y dos punto cinco litros de pulque
dentro, lo sé todo.
Hago otra vez algo que hace mucho
ruido desde la boca.
Leo todas las cartas. Las cierro con
saliva. Son muy mías.
Y no sé por qué no me concentro
en el metal papilar. Alguien me enseño
un domingo a escribir
sin saber
si estas escribiendo, vomitando,
o desnudándote.
Muy denigrante. Incoherente.
Sensual, a ciertas horas.
Y a cualquiera esto le causa un signo de
interrogación entre las cejas.
Prefieren, entonces, comer cereal
de dinosaurios a las doce del día,
ir al retrete, leer una revista de Nintendo.
Y estoy dejando de hablar de ti, de mi lengua
y la música
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Lo estoy logrando…
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08 noviembre, 2008

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Tengo la vivencia tuya, muy asentada aquí, en mi estómago o algo así, que no me deja respirar. No escribo. Muchos días y no escribo. Tengo un miedo, liquido carmín, de encontrarte resbalando entre las líneas. Camino por las tardes viendo a toda la gente, veo una palabra que escribir por cada uno de ellos. Las calles tienen grandes libros. El cielo puede ser el pergamino más extenso. Hay flaqueza en mis manos. Mucha cosa normal de todos los días. Una simpleza que me acaba. Estoy siendo muy humano, tan terriblemente humano. Que no escribo. Que hago esas cosas como tomar la siesta, o comer emparedados de chocolate, salir a los bares, saludar. Protocolo. Volverme persona. Ser. Ser porque no te soy. Porque te busco a la deshora que prometes, a la punzada tibia de mi pierna. Y no puedo serte. Las delgadas líneas verdes entre nuestras caderas, o algo que no se estira con mucha facilidad, o más bien se estira demás. Como esta hambre. En forma de abecedario, todo duele más. Aunque vengo, y parezco más cruel y tonta que siempre. Persona. Caigo muchas veces en la cama sucia. Con los saxofones y todo eso que nos mimetiza. Me reencarnan las horas y sigo aquí. Muy preocupada por el revés del mundo. Me duele la cabeza como a todos, soy todos. Y los pulmones funcionan menos con el paso del humo y de los días. Sigo sedada por esto que me crucifica día tras día. Y cómo le llamaré. ¿Cómo le llamaremos? Deberíamos encontrarle nombre a esto. Sería necesario en las autopsias. Quizá y dejamos algún documento con esto. Aunque no podamos comprobar nada. Porque no somos. Y estamos. Estamos y no somos. O somos y no estamos. O “Yo soy tú y tú eres yo”. Porque ya las drogas no funcionan, ni la flagelación, ni los nuevos árboles o un vestido más rojo. Inútilmente sigo intentando vivir lo que nadie vive, ni nadie quiere. Muy absurda yo, así, como el día en que me conociste. Escucho punk y pretendo la siguiente la vida, la vida paralela. La bipolaridad que nos conmueve y no nos deja. Ahora tengo cine. Supongo que esta noche será muy mía, muy de ti.
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09 octubre, 2008

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Te extraño desde muy abajo.
Casi como si fueras tú el principio,
casi como si tú me hubieras engendrado.
Casi como desde el final. Es algo que
empieza mucho desde la lengua, y te
desangra todos los dedos. Yo no entiendo
esto del tiempo, ni de tus pactos con la
vida sin vida. Todo esto me desdibuja
tanto la cabeza. Me hace nidos de cuervos.
Un lento entierro necesario. La incesante
adicción de hacer daño desde dónde más
sientes, y quizá y se pueda para siempre.
Porque el dolor siempre está, dice. Yo me
arranco entonces la boca. Y por lo regular
luego no la tengo. Y sólo así desdoblo los
ojos para no irme tan adentro, para no
desaparecer-te.
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